Ya estamos saturados de tanta Intelugencia Artificial y tanta producción visual que nace de una pantalla, ¡y esto es solo el principio! Por eso resulta casi contracultural encontrarse con un artista que sigue confiando en una libreta de papel para ordenar sus ideas. Kenjiro (Menorca, 1998) pertenece a esa generación que ha crecido entre lo digital y lo analógico, pero su proceso creativo sigue dependiendo de algo mucho más lento: caminar, observar y tomar apuntes.

Esa forma de trabajar explica buena parte de una obra que se aleja deliberadamente del exceso de información. Sus pinturas, construidas a partir de formas depuradas, colores contenidos y composiciones equilibradas, funcionan como pequeñas pausas visuales. No busques una historia cerrada ni una lectura concreta, aquí cada uno interpreta como quiere.
En su colección para Kave Gallery, el espacio con el que Kave Home impulsa colaboraciones efímeras con artistas contemporáneos, ofrece una buena oportunidad para acercarse a su universo. Una práctica artística que parte de la observación silenciosa del entorno que le rodea a través de piezas únicas realizadas mediante técnica mixta sobre lienzo. Acrílico, pastel al óleo, grafito y soportes de lino y algodón: la pintura no oculta la textura del soporte.
Aunque su trayectoria profesional es relativamente reciente, la relación de Kenjiro con la pintura viene de mucho antes. “No puedo poner fecha a cuándo empecé a pintar, ya que considero que siempre ha sido algo que me ha acompañado como forma de expresión”, explica. Sus primeras inquietudes artísticas aparecieron alrededor de 2011, cuando comenzó a asistir a clases de dibujo al natural. “Descubro que, para mí, lo de pintar va mucho más allá de la mera representación de la realidad. A partir de ahí, descubro el mundo del grafiti y de la pintura en general”.

Pintar lo que normalmente pasa desapercibido
Si algo define la obra de Kenjiro es su capacidad para encontrar interés en aquello que otros considerarían irrelevante. Sus escenas surgen de momentos corrientes: interiores domésticos, fragmentos de paisaje, objetos familiares o situaciones que forman parte de cualquier rutina. La diferencia está en la mirada, como ocurre con los buenos artistas.
“Normalmente me inspira mucho la cotidianidad; encuentro belleza en las metáforas que da la casualidad, en los espacios contemplativos, el día a día, la rutina, la vuelta a casa, los momentos de silencio o de ruido, la costa mediterránea, la ciudad, el sofá de mi casa o la planta que tengo que regar”, explica.
Esa atención hacia los pequeños acontecimientos se refleja también en su método de trabajo. Lejos de construir conceptos cerrados desde el estudio, las ideas aparecen primero en sus recorridos diarios. “Todo empieza con un dibujo en mi sketchbook. Trato de tener siempre un proceso muy analógico: me gusta salir a pasear con mi libreta y tomar apuntes de lo que veo”. Después llega una segunda fase más reflexiva. “Redacto una especie de diario personal y, una vez ahí, voy a mi estudio para transformar algunos de aquellos bocetos en pinturas”.

Las figuras se reducen a masas de color, los contornos adquieren protagonismo y los espacios vacíos se convierten en una parte activa de la composición. Hay una influencia evidente de cierta tradición mediterránea en el uso de la luz y del color, aunque también se perciben ecos de la simplificación formal que atraviesa buena parte del arte moderno del siglo XX.
Para esta colaboración con Kave Gallery, el artista ha reunido una selección de trabajos desarrollados a partir de dibujos realizados entre Menorca y Barcelona durante los primeros meses del año. Según explica, el objetivo era construir un recorrido centrado en “los espacios contemplativos, la relación de formas y la arquitectura de símbolos” para llegar a imágenes capaces de capturar un momento concreto y los detalles que suelen quedar fuera del foco.

El espacio como herramienta de trabajo
Hablar con Kenjiro es entender que su estudio no es únicamente un lugar donde producir obras. Es una extensión directa de su proceso creativo. “El espacio lo es todo”, afirma. Y añade una idea que ayuda a comprender la relación entre sus pinturas y los entornos que habita: “Necesito crear donde siento que conecto con el lugar, donde todo lo que me rodea me aporta y estimula, para poder estar a gusto trabajando”.
De ahí que muchos de sus cuadros estén atravesados por referencias al ámbito doméstico. La casa aparece de manera recurrente en su imaginario como escenario de observación, refugio y laboratorio visual. Por eso la colaboración con Kave Home adquiere una dimensión especialmente personal. “Para mí es una maravilla”, comenta. La relación con la marca, de hecho, venía de antes de esta exposición. “Mi casa la amueblamos con Kave Home, y muchos de los muebles que aparecen en mis obras de interiores son representaciones de estos, como el sofá Blok que aparece en mi obra Her”.
Resulta curioso que una generación acostumbrada a documentarlo todo encuentre interés en una obra que nace, precisamente, de mirar más despacio. Los dibujos realizados por Kenjiro entre Menorca y Barcelona terminan convertidos en composiciones depuradas, donde cada forma y cada color tienen una función concreta. El recorrido que propone en Kave Gallery permite entrar en ese proceso: desde el apunte cotidiano hasta la pintura terminada, sin perder por el camino aquello que le da sentido.