Hay películas que a parte de contarte una historia, te conectan a una persona. A veces es un gesto, una frase, una manera de demostrar el amor. Todas ellas hablan de diferente manera de ese vínculo entre madre e hija que puede ser mágico, sí —una complicidad casi telepática—, pero también puede estar hecha de roces, de expectativas, de cosas que no se dijeron a tiempo. El cine no lo arregla, pero a veces lo nombra. Y eso ya es mucho.
1. Cinco lobitos, de Alauda Ruiz de Azúa
Aquí la maternidad no es postal ni idílica. Es un cuerpo cansado, turnos, culpa y amor práctico. La película sigue a una hija que se convierte en madre y descubre que, al hacerlo, también vuelve a ser hija. Lo especial está en lo cotidiano, en una casa que se reorganiza, unos abuelos que sostienen y una pareja que aprende sobre la marcha.
Perfecta para ver con tu madre si quieres abrir debate de lo que implica cuidar y dejarse cuidar. Y si la ves sola, te deja esa mezcla extraña de ternura y vértigo al entender, por fin, que muchas madres hicieron lo que pudieron con lo que tenían.
2. Lady Bird, de Greta Gerwig
Madre e hija como dos planetas chocando, se adoran y se desesperan. Lady Bird retrata ese momento en el que una hija necesita alejarse para construirse, aunque duela hacerlo de la persona que mejor te conoce. Las discusiones son rápidas, casi cómicas, pero debajo hay un amor enorme que no siempre encuentra el tono.
Es una gran película para reflexionar mucho sobre este vínculo porque habla de cómo, con el tiempo, ciertas frases se resignifican. Lo que parecía control era miedo. Lo que parecía dureza era preocupación.
3. The Lost Daughter, de Maggie Gyllenhaal
The Lost Daughter es una película exigente, tanto si la ves sola como acompañada. Pone sobre la mesa algo de lo que se habla poco: el cansancio, la ambivalencia y la idea de querer escapar incluso cuando existe amor. No es una historia cómoda, pero sí honesta, y propone una mirada necesaria en aceptar que las madres también tienen contradicciones.
Deja una inquietud que no se va al terminar, como una pregunta sin respuesta rápida. Invita a mirar tu vínculo sin culpa ni castigos. Es de esas historias que se te quedan pegadas porque se atreve a decir lo que muchas veces se calla.
4. The Florida Project, de Sean Baker
Una madre joven intenta sostener una infancia en medio de la precariedad. La relación es luminosa y frágil a la vez. Hay juego, inventiva, ternura… y también límites que se notan. Es una película sobre el amor como supervivencia y sobre lo injusto que es pedirle a una madre que sea invencible.
Sin duda, una película que te hace valorar lo que a veces las madres son capaces de hacer con muy poco y te deja pensando en qué parte de una madre es hija todavía.
5. Petite Maman, de Céline Sciamma
Corta, delicada y casi mágica. Tiene ese realismo mágico característico de la directora, donde lo imposible sucede con naturalidad, como si el bosque supiera guardar secretos. La historia convierte un duelo en un encuentro y te trabnsporta a una idea preciosa: tu madre también fue una niña.
Antes de convertirse en madre, fue una persona con miedos, historias, silencios y un pasado entero. Es ideal para verla juntas si os apetece algo íntimo y bonito.