No son esculturas. O sí. Pero también podrían ser fósiles de un futuro improbable, reliquias de un mundo que aún no existe o fragmentos de un paisaje detenido en el tiempo. Lo que está claro es que las obras de Malou Palmqvist tienen algo magnético, algo que atrapa la mirada y obliga a preguntarse: ¿cómo llegó esto a existir? Ahora, su trabajo forma parte de Kave Gallery, la apuesta de Kave Home por el arte en su máxima expresión, con una exposición efímera que acerca su universo a los hogares de quienes buscan piezas con alma.
Entre la estructura y el colapso
La trayectoria de Malou Palmqvist es una historia de exploración constante. Creció rodeada de arte, con padres creativos que le inculcaron desde pequeña la capacidad de mirar el mundo con ojos curiosos. Y aunque su formación académica comenzó en el mundo de la moda en Londres, fue en la experimentación con materiales donde realmente encontró su voz. “Mi proceso creativo es altamente intuitivo, impulsado por la curiosidad sobre cómo los materiales reaccionan y se transforman con el tiempo”, explica.
Su trabajo parte de una fascinación con los procesos naturales de descomposición: cómo un objeto cambia, se rompe, se reconfigura. De ahí que sus esculturas sean una especie de instantánea de ese tránsito entre la estabilidad y la ruina. Trabaja con cerámica, principalmente gres, manipulándolo hasta convertirlo en formas aparentemente frágiles, en tensión entre la solidez y el derrumbe. “Estoy interesada en la belleza que se encuentra en la transformación”, dice. Y lo consigue generando texturas, colores y volúmenes que parecen estar en pleno movimiento, como si el tiempo se hubiera detenido un segundo antes de que todo se desplome.

El equilibrio de lo inesperado
No hay dos piezas iguales en su obra, aunque todas comparten un mismo lenguaje. Stop Motion, la serie que presenta en Kave Gallery, es un ejercicio de equilibrio entre materiales orgánicos y sintéticos que se encuentran, chocan y terminan conviviendo en perfecta armonía. “Me intriga cómo los objetos más dispares pueden coexistir y alimentarse mutuamente para crear nuevas formas”, comenta Palmqvist.
Su proceso de trabajo es casi un diálogo con la materia. Prueba, fuerza los límites de los materiales y los deja llegar hasta el borde del colapso. “Manipulo el gres para crear formas ergonómicas que intencionadamente hago frágiles, para testar los límites del material”, explica. Y en ese filo, en esa tensión entre la resistencia y la caída, es donde surge la belleza de su obra.
La superficie de sus esculturas es otra historia en sí misma. Palmqvist trabaja con engobes y esmaltes que superpone en distintas capas, consiguiendo acabados que amplifican la sensación de profundidad y textura. Es un trabajo minucioso, donde cada decisión –un pliegue aquí, una grieta allá– cuenta. El resultado son piezas que parecen capturar el movimiento en plena transformación, como si estuvieran suspendidas en un punto intermedio entre el pasado y el futuro.

El arte como una extensión del espacio
Para Palmqvist, el lugar donde se crean las obras es tan importante como las propias piezas. Su estudio está en una isla sin coches, en el archipiélago de Gotemburgo, rodeado de luz por tres lados. Es un espacio donde el tiempo se ralentiza, donde la naturaleza se convierte en inspiración y donde sus esculturas comienzan a tomar forma. “Mi estudio es un santuario, un lugar donde puedo controlar el entorno hasta cierto punto, pero también permitir la imprevisibilidad que conlleva trabajar al borde del colapso”, cuenta.
Ahora, su colaboración con Kave Home le ofrece una oportunidad diferente: llevar su arte a un nuevo contexto. Sus esculturas, pensadas como objetos autónomos, encuentran su sitio en espacios habitados, dialogando con muebles, luces y texturas de un hogar real. “Es emocionante ver cómo mis esculturas son percibidas como parte del espacio de alguien”, dice. Y tiene sentido: sus obras no son meros adornos, sino piezas que transforman el ambiente, que generan conversación y que –sobre todo– invitan a mirar dos veces.
Lo mejor de todo es que, gracias a Kave Gallery, sus obras pueden formar parte de esa transformación en tu propia casa. Y lo que es aún más interesante: ahora que las has descubierto, ya no puedes dejar de desearlas.