Para Blanca Nieto (Salamanca, 1991), conocida artísticamente como Blannim, el arte no surge de la inspiración repentina, sino de una necesidad constante de entender cómo recordamos. «Mis inicios en el arte fueron, en cierto modo, una extensión natural de mi forma de ver y sentir el mundo», explica. “Desde muy pequeña tuve una conexión con la creación manual y la expresión visual. Más allá de la formación académica, mis verdaderos inicios se forjaron en la necesidad de traducir mis pensamientos y emociones en algo tangible.»
Esa relación entre lo invisible y lo material es el eje de toda su obra que ya puedes encontrar en Kave Gallery. Blannim trabaja con el textil como otros trabajan con la pintura o la escultura: no como un soporte, sino como un lenguaje. «Siempre me atrajo la experimentación con materiales y texturas”, dice. “Cada serie me ha ido llevando a la siguiente, profundizando en mi lenguaje.»
Su obra está hecha de fragmentos, transparencias y silencios. El hilo, la tela y la luz funcionan como formas de pensar el paso del tiempo.

Capas de memoria
El proceso creativo de Blannim es pausado, casi introspectivo. “Mi proceso creativo es muy orgánico», explica. «Generalmente parte de una idea, una emoción o un recuerdo que quiero explorar.» De ahí surgen los bocetos, las pruebas y la selección de materiales. Trabaja con visillos, tarlatanas, gasas y sedas, telas que se superponen unas sobre otras como si fueran capas de tiempo.
«La superposición de estas capas es fundamental; es como ir construyendo y deconstruyendo la memoria, revelando y ocultando a la vez«, afirma. En ese equilibrio entre mostrar y esconder, entre lo que queda y lo que se borra, está el sentido de su trabajo.
Su técnica combina el bordado, el zurcido y la pintura con pigmentos sobre tela. «Hay mucha experimentación con el pigmento, la luz y las transparencias”, explica. “Las puntadas de hilo o los zurcidos son un acto casi meditativo, una forma de fijar esos fragmentos y darles una narrativa.»
A menudo trabaja con formatos polípticos, compuestos por varios bastidores que funcionan como una serie de recuerdos relacionados entre sí. «Mis obras reflejan la fragmentación y reconstrucción de la memoria», comenta. «Los polípticos permiten esa sensación de múltiples planos, como los recuerdos que se reconstruyen desde distintos momentos.»
Un espacio de luz
El estudio de la artista es una extensión de su pensamiento. «El espacio en el que creo mis obras es mi santuario y mi laboratorio», asegura. «Necesito un lugar que me permita la concentración y la experimentación.La luz natural es crucial, ya que mis obras juegan mucho con las transparencias y cómo la luz incide en las capas de tela.»
Algo que nos conquistó de Blannim es que no busca la perfección técnica. Pinta directamente sobre la tela, experimentando con veladuras y pigmentos. El resultado son piezas que cambian según la luz del espacio. No son imágenes fijas, sino superficies que reaccionan al entorno, casi como si respiraran.
En el fondo, su obra parte de un mismo tema: la memoria. «Mi principal lugar de inspiración es la memoria misma, en todas sus facetas: la personal, la colectiva, la que se diluye y la que persiste«, dice. Pero esa memoria también se alimenta de lugares concretos. “Físicamente, el mar es una fuente inagotable de ideas; su inmensidad, sus capas, sus profundidades y su constante movimiento resuenan con mi concepto de la memoria.”
Los viajes han tenido un papel importante en su desarrollo artístico. Su estancia en Brasil inspiró la exposición Saudade y definió su manera de entender el paso del tiempo. “Me inspiró la forma en que los recuerdos se almacenan, se transforman y se revelan con el tiempo”, cuenta. “Los paisajes y las culturas que encuentro también nutren mi imaginación.”
Esa reflexión se traduce en su forma de trabajar: lenta, consciente y atenta al detalle. Cada puntada, cada capa de color, es una forma de pensar y recordar.
Blannim en Kave Gallery
Entre las piezas más representativas de su colaboración con Kave Gallery están Iguazú, Mimosa y Siete, tres obras que condensan su manera de convertir la memoria en materia.
Iguazú nace de una experiencia concreta. «La inspiración viene directamente de mi viaje a las cataratas de Iguazú», cuenta. «Me impactó la magnitud, el sonido y la energía del agua, y cómo esa experiencia se grabó en mi memoria.» La obra traduce esa impresión sensorial en capas de tela y pigmento, donde el color y la textura evocan el movimiento del agua y su fuerza.

En Mimosa, el punto de partida es la naturaleza. «La inspiración proviene de mi viaje a Brasil, específicamente de la visión de los campos cubiertos de árboles en flor que recordaban a las mimosas«, explica. «Me impactó cómo la extensión de estos árboles creaba la ilusión de que el campo entero era una gigantesca mimosa en sí misma.» La pieza utiliza tonos suaves y hilos delicados para capturar esa imagen efímera.
Por último, Siete tiene un significado más íntimo. «El concepto gira en torno a la conexión con la familia y la importancia simbólica del número siete«, afirma. “La obra busca materializar los lazos invisibles que nos unen a nuestros seres queridos y la fuerza que reside en la unidad familiar.” Es una pieza que resume su trabajo: una memoria personal convertida en algo abstracto.
Una memoria que se ve
«Mi obra es un viaje a ese espacio íntimo de la memoria, donde lo visible y lo invisible se entrelazan», dice Blannim. En sus piezas, ese diálogo se materializa en capas de tela, pigmento e hilo, en un equilibrio entre estructura y emoción.
Su colaboración con Kave Home le ha permitido llevar su trabajo a un nuevo contexto: «Colaborar con Kave Home es una oportunidad muy emocionante», afirma. «Me permite llevar mi arte a un contexto diferente, integrándolo en espacios de vida y llegando a un público que valora la estética.»
«Me atrae mucho la filosofía de Kave Home de fusionar funcionalidad con belleza y cómo sus piezas, a menudo con materiales naturales y un diseño cuidado, crean ambientes cálidos y contemporáneos», apunta. Y cundo le hacemos la pregunta que hacemos siempre a nuestros artistas favoritos, no duda en contestar: «En cuanto a mi producto favorito, me encantan las piezas de mobiliario que combinan la madera natural con formas orgánicas, como la Silla Fondes. Su diseño y la calidez de la madera me parece que dialogan muy bien con mis obras».
En cada puntada de Blannim, en cada transparencia, hay una forma de recordar y, al mismo tiempo, de dejar ir.


