Lo del artista parisino Théo Lopez es de otro universo: pinta como quien registra una vibración. En sus lienzos, las líneas laten y los colores se mueven desde dentro, como si tuvieran una frecuencia propia. No es baladí que él mismo defina así su trabajo: “El color es una radiación y como toda radiación está en movimiento. Mi papel como artista es transcribir esos movimientos y darles sustancia.”
Nacido en 1989 y formado en Francia, Lopez comenzó su carrera en 2008 tras integrarse en el colectivo 9ème Concept, un grupo que marcó la escena artística parisina por su energía experimental. Desde entonces, su trayectoria se ha caracterizado por la fusión entre técnica y emoción. Su pintura traduce estados de energía a través de capas, líneas y texturas que oscilan entre el orden geométrico y el gesto espontáneo.
El estilo de Lopez se nutre de influencias del constructivismo ruso y del expresionismo alemán, pero su proceso tiene algo más intuitivo: un diálogo constante entre estructura estudiada y accidente espontáneo. Trabaja con brochas, rodillos y cinta adhesiva, alternando fases de creación y ocultamiento. Pinta, cubre, revela. Vuelve a pintar. Lo repite hasta que —en sus palabras— “la obra cobra vida”.
En la serie presentada para Kave Gallery, Lopez explora distintas dimensiones de esa energía. Son obras que surgen del gesto pero también del pensamiento, del azar pero también de la intención. Cada una representa una forma distinta de movimiento: lo mineral, lo cósmico, lo mental, lo atmosférico.
Arena dorada I y II: el infinito en un grano de arena

Para Arena dorada, Lopez tomó como punto de partida un material y un símbolo universal: la arena. “Me inspiré en este elemento en todos sus estados para crear esta serie. Lo inmenso y lo minúsculo. Como el espacio infinito que nos hace sentir como un grano de arena.”
Las dos piezas están realizadas en acrílico sobre papel. Su proceso combina gestos libres y control técnico: “Primero pinto con brochas de forma espontánea. Después tapo con cinta de celo las texturas que me interesan y cubro de otra capa con rodillos para cortar lo hecho y conservar lo que estaba debajo del celo. Repito esa acción hasta que la obra coja vida.”
El resultado son composiciones que vibran entre lo matérico y lo etéreo, como si un polvo dorado de los desiertos o el brillo de la arena mojada se hubiera quedado impregnado sobre el papel.
Conexión: entre la tierra y el cielo
En Conexión, Lopez traslada su reflexión a un plano más espiritual. “Me inspiré en el espacio que existe entre la tierra y el cielo. Un movimiento vertical nos hace conectar con el cosmos y otro movimiento circular viene a dinamizar el primero y llevarnos en el bucle infinito de la vida.”
La obra, realizada también en acrílico sobre papel, representa esa doble dirección: el ascenso y el retorno, la fuerza que nos eleva y la que nos centra. Las líneas verticales son energía pura; los movimientos circulares, el ritmo vital que la modula. En resumen, Conexión traduce en forma plástica la idea de equilibrio entre cuerpo y cosmos.
Visión: claridad y determinación

Con Visión, Lopez introduce un elemento distinto: la fotografía. “Imprimí sobre lienzo una foto de una obra realizada anteriormente y la pinté con acrílico.” De esa mezcla nace una obra híbrida, entre la edición y el original. En ella, el artista habla de superación. “Esta obra se trata de la determinación, es como cuando esquivas o rompes todos los obstáculos para conseguir tus objetivos. Tiene mucha luz y sus líneas son claras y fuertes.”
Las formas parecen expandirse desde el centro hacia los bordes del lienzo, como un estallido controlado. Tiene una explicación: Visión es también una metáfora del proceso del propio artista, esa tensión constante entre precisión y libertad, entre estructura y emoción.
Rainy Storm: invocar a la naturaleza
En Rainy Storm, Lopez vuelve a su gesto más físico, con brochazos amplios y capas que se suceden como un ciclo meteorológico. “Esa obra es una petición al universo. En temporada de sequía muy grave, pensé en lo que compone una tormenta de lluvia. La belleza de la fuerza de los elementos y nuestra impotencia ante ello.”
La pintura, hecha en acrílico sobre lienzo de lino, captura la sensación de movimiento que antecede a una tormenta: densidad, vibración, expectación. El contraste entre los tonos fríos y las zonas luminosas sugiere el instante exacto en que el cielo se abre. Esa repetición rítmica, casi meditativa, es su forma de conectar con los elementos.
Geometría, caos y energía
Las obras de Théo Lopez son mapas de energía, traducciones de lo invisible al lenguaje visual. La geometría le sirve como estructura, pero no como límite. El color, la materia y el gesto dialogan hasta encontrar un equilibrio natural. Y en esa fusión entre lo técnico y lo intuitivo, Lopez consigue algo poco frecuente: convertir la abstracción en emoción pura.
No hay un mensaje literal en su pintura, sino una vibración. La sientes o no la sientes. Una sensación de que lo que vemos no está quieto. Que cada línea respira. Que cada capa guarda algo.


