Así es el piso luminoso de Blanca Pérez-Cabrero en Barcelona: una casa para empezar de nuevo

Un piso pequeño, dos hijos y un nuevo proyecto

Un piso pequeño y luminoso en Barcelona: la casa de Blanca Pérez-Cabrero.

Todo empieza poco a poco. A veces con una mudanza, otras con un proyecto nuevo o con la llegada de un hijo. En el caso de Blanca Pérez-Cabrero, todo ha sucedido casi al mismo tiempo. Vive en Barcelona desde hace años, pero hace apenas cinco meses se instaló con su familia en este nuevo piso.

Tiene 34 años, es madre de Mateo y Nicolás, diseñadora de joyas y moda, y trabaja también como estilista freelance. La casa aparece en medio de una etapa intensa, como un punto de apoyo desde el que sostener lo que está naciendo. Es un piso pequeño, pero la luz que entra por los balcones y la conexión entre los espacios la convierten en un lugar abierto, pensado para convivir.

Encontrar casa casi sin buscarla

La historia de este piso no comenzó con una búsqueda larga ni con una idea muy definida de lo que necesitaban. Fue más bien un reconocimiento inmediato.

El comedor, bañado por la luz natural, se convierte en el corazón tranquilo de la casa.

“Llegamos casi sin buscar demasiado. Nos gustó desde el primer momento por la luz que entra por los balcones de las habitaciones y por la terraza. Es un piso pequeño, pero abierto; todo está conectado. Hay una zona que me encanta, la parte de arriba, donde están el sofá y la mesa del comedor. Al estar un poco elevada, se crea un ambiente muy acogedor, casi como una casita dentro de la casa.” Esa sensación de recogimiento dentro de un espacio fluido define buena parte del carácter del hogar.

Un momento vital que lo cambia todo

La casa no puede separarse del instante personal que atraviesa Blanca. Mudarse con niños pequeños ya implica un movimiento profundo, pero en su caso coincidió con otros comienzos.

Instantes cotidianos que dan forma al verdadero significado de hogar.

“Es bastante intenso. Este año he sido madre por segunda vez y, al mismo tiempo, nos hemos mudado de piso, con todo lo que supone una mudanza con niños. Además, acabo de lanzar una nueva marca de vestidos, PISO, junto a mi socia Maria. Nos apetecía hacer algo diferente dentro de la moda de fiesta, más atrevido. Tener este piso me está ayudando mucho a sostener todo esto. Trabajo bastante desde casa y me gusta diseñar tranquila, sentada en el sofá o en la mesa del comedor, cuando la casa está en silencio.”

El hogar aparece así no solo como refugio, sino también como espacio creativo.

Una distribución que facilita la vida cotidiana

Hay casas que funcionan sin esfuerzo. En muchas ocasiones no se trata del tamaño, sino de cómo se articula el espacio.

La luz de la mañana acompaña los primeros momentos del día en familia.

No hay pasillos y todas las habitaciones tienen luz, así que el espacio se aprovecha muy bien. Me encanta despertarme con la luz del sol. Tenemos una terraza que nos da mucho juego. Los niños pueden salir a jugar y también la usamos cuando vienen amigos, sobre todo en verano. La cocina es abierta y da al comedor, así que solemos estar todos en el mismo espacio: uno cocina, otro trabaja en la mesa y los niños juegan cerca.” La escena describe una forma de habitar cercana, donde la vida sucede sin compartimentos.

El lugar donde todo se aquieta

Cada casa guarda un rincón que actúa como pausa. Para Blanca, ese lugar está claramente definido. “La parte de arriba. Es donde entra más luz y donde me siento más tranquila. Ahí leo o trabajo, sentada en el sofá o en la mesa del comedor, cerca de mi lámpara amarilla y de mis libros de moda.” No es solo la luz lo que construye ese refugio, sino también la cercanía de los objetos que la acompañan.

Objetos elegidos con calma que construyen una historia personal.

Los objetos que construyen la memoria del hogar

Aunque la vivienda sea nueva, hay piezas que han viajado con ella de un piso a otro, creando continuidad entre etapas.

“Los objetos que más me representan son los que me he llevado conmigo en todas las mudanzas. La lámpara amarilla vintage que me regalaron mis amigas por mi cumpleaños, la alfombra roja de mi habitación que tengo desde mi primer piso y que también es vintage, y las revistas y libros de moda que consulto cuando necesito inspiración. Pero, sobre todo, lo que más me hace sentir en casa son las fotos con mi marido y mis hijos. Son las cosas que me recuerdan lo importante y me hacen sentir tranquila.”

La alfombra roja, testigo de cada mudanza, aporta carácter y memoria al dormitorio.

Porque los objetos, cuando están ligados a la memoria, dejan de ser decorativos para convertirse en anclas emocionales.

La imagen que resume este presente

Al preguntarle qué instante guardaría de este momento, la respuesta no habla de grandes acontecimientos, sino de una escena íntima y cotidiana. “Una mañana de domingo, todos en la cama, en pijama, jugando con los niños o hablando sin prisas, pensando qué haremos ese día.” Quizá ahí reside el verdadero sentido del hogar. En esos tiempos lentos que no se planean y que, sin embargo, terminan definiendo una etapa.

El dormitorio, sereno y luminoso, invita al descanso sin artificios.

El piso de Blanca Pérez-Cabrero todavía está en construcción emocional. Como muchas casas vividas, no responde a una idea cerrada, sino a un proceso. Entre proyectos que nacen, hijos que crecen y espacios que se van llenando poco a poco, este hogar confirma que no hace falta una gran superficie para empezar de nuevo, solo un lugar donde la vida pueda desplegarse con naturalidad.