Febrero es el mes del amor, pero no solo de ese amor perfecto que sale en las canciones pop. También es el mes del amor que duele, del que se va, del que nunca fue pero sigue ahí. Estas cinco canciones entienden eso perfectamente. Hablan del amor en todas sus formas: desde el que te parte en dos, hasta el que te hace flotar aunque sepas que es fugaz.
1. Dolerme, de Rosalía
Rosalía tiene esa capacidad de convertir el dolor en algo precioso, y Dolerme es la prueba perfecta. La canción habla de ese momento en el que decides permitirte sentir el dolor de una ruptura en lugar de huir de él. «Quiero dolerme» es una declaración valiente. Reconocer que para sanar a veces hay que atravesar el fuego. La producción es delicada pero intensa, y la voz de Rosalía suena vulnerable de
una forma que no estamos acostumbradas a escuchar en ella. Es una canción sobre abrazar la tristeza, sobre entender que el duelo también es una forma de amor. Perfecta para esos días en los que necesitas llorar sin juzgarte.
2. Fuentes de Ortiz, de Ed Maverick
Ed Maverick escribe como si estuviera hablando solo para ti, sin filtros ni adornos. Fuentes de Ortiz es una canción sobre esa ruptura que pasa mientras aún estás en la relación, cuando te das cuenta de que algo se rompió, pero ninguno de los dos lo dice en voz alta.
Tiene esa melancolía tranquila característica de Ed, donde todo parece estar bien en la superficie, pero por dentro sabes que ya no es lo mismo. Lo que más me impresiona es cómo captura ese momento exacto en el que el amor se va transformando en distancia, cuando siguen juntos pero ya no están realmente presentes.
3. El baile, de Pedro Pastor
Pedro Pastor siempre ha sabido hablar del amor desde lo poético sin caer en lo cursi, y El baile es una muestra perfecta de eso. La canción usa la metáfora de un baile para hablar de esas relaciones donde no siempre vas al mismo ritmo, donde a veces uno avanza y el otro retrocede.
Es una reflexión delicada sobre la sincronía y el desencuentro, sobre cómo el amor también es aprender a moverse junto a otra persona, aunque no siempre sea fácil.
La melodía es suave, casi hipnótica, y la voz de Pedro tiene ese tono cálido que hace que cada palabra cale hondo. Ideal para esas noches tranquilas en las que necesitas pensar sobre tus relaciones desde el aprendizaje.
4. Friday I’m In Love, de Phoebe Bridgers
La versión de Phoebe Bridgers del clásico de The Cure es completamente distinta al original, y precisamente por eso funciona tan bien. Donde The Cure ponía euforia, Phoebe pone melancolía. Su voz delicada convierte la canción en algo más íntimo y frágil, como si ese amor del que canta fuera tan bonito que asusta, tan perfecto que no parece real.
Es una versión para los que entienden que enamorarse también puede dar vértigo, que la felicidad a veces viene con un nudo en el estómago. Escucharla es como reconocer que el amor, incluso el más bonito, siempre tiene algo de agridulce.
5. Tengo un pensamiento, de Amaia
Amaia tiene ese don de escribir canciones que parecen páginas arrancadas de un diario. Tengo un pensamiento habla de esa sensación de tener a alguien constantemente en la cabeza, de que cada cosa que haces te recuerde a esa persona. No es una declaración de amor a gritos, sino algo mucho más real e íntimo: la confesión de que alguien ocupa un espacio en tu vida que no sabías que existía.
La producción es minimalista, dejando que la letra y la voz de Amaia brillen solas. Es una canción sobre el amor que está en los detalles, en los pensamientos que llegan sin avisar. De esas que escuchas y piensas «esto lo escribió para mí».


