Teresa Berger, artista: “En mi estudio tengo la libertad de experimentar, desordenar y concentrarme”

Desde Viena, trabaja la cerámica como si fuera un terreno de pruebas: sus piezas parecen llegadas de otro planeta

La artista Teresa Berger con la pieza Melting White de tus colección para Kave Gallery
La artista Teresa Berger con la pieza Melting White de tus colección para Kave Gallery

Las piezas de Teresa Berger no pasan desapercibidas en la colección de Kave Gallery. Tienen algo alienígena: volúmenes que parecen blandos aunque sean sólidos, esmaltes que se deslizan como si estuvieran vivos y superficies que invitan a tocar antes incluso de entender qué objeto tienes delante. Son jarrones, maceteros o piezas decorativas, pero también parecen fragmentos de un ecosistema desconocido.

Berger nació en Viena en 1990 y hoy dirige su propio estudio en la ciudad. Antes de eso, su camino pasó por la Design Academy Eindhoven, una etapa que marcó de forma clara su manera de trabajar. «Cambié a un instituto con enfoque artístico cuando tenía 14 años, pero no fue hasta mis primeros veinte cuando entendí que quería convertir la creatividad en una profesión«, explica. “Estudiar en la Design Academy Eindhoven fue el punto clave que me llevó de lleno al mundo del diseño”.

Tras graduarse en 2018 y colaborar con distintos estudios internacionales, fundó su propio espacio en 2019. Desde entonces, la cerámica se ha convertido en su lenguaje principal, especialmente el gres, un material resistente que le permite jugar con formas complejas y superficies muy trabajadas sin perder funcionalidad.

"Tactile Pink" de Teresa Berger
«Tactile Pink» de Teresa Berger

Del boceto al accidente controlado

Su proceso creativo comienza de forma bastante clásica, aunque rara vez termina como estaba previsto. «Mi proceso suele empezar con bocetos rápidos a lápiz, pero la forma final evoluciona mientras la construyo«, cuenta. El dibujo sirve para arrancar, pero el verdadero trabajo ocurre cuando la pieza empieza a tomar volumen.

Una vez definida la forma general, llega el momento que más le interesa: el esmalte. “Cuando la forma está terminada, decido los colores y las texturas. Me encanta experimentar con esmaltes; casi cada pieza implica una técnica nueva o una modificación de mis recetas”. Berger desarrolla todos sus esmaltes, probando combinaciones, capas y temperaturas hasta conseguir efectos muy específicos.

Ese trabajo experimental explica por qué sus piezas nunca son del todo predecibles. El esmalte no solo aporta color: cambia la lectura del objeto, altera la percepción del peso y hace que una superficie parezca húmeda, blanda o incluso en movimiento.

"Melting White" de Teresa Berger
«Melting White» de Teresa Berger

Superficies que no se portan bien

“Trabajo principalmente con cerámica de gres y esmaltes, utilizando técnicas de construcción manual”, explica. “Mi enfoque está en crear contrastes entre superficies lisas y rugosas y en desarrollar esmaltes experimentales que den a cada objeto su textura única”. En sus piezas, lo pulido convive con lo tosco, lo mate con lo brillante, lo controlado con lo inesperado. Hay zonas que parecen derretirse, otras que se acumulan como si el material hubiera decidido seguir su propio camino. Esa sensación de transformación constante hace que sus objetos parezcan organismos más que piezas inertes.

Inspiración submarina (y un poco biológica)

Aunque su trabajo no representa nada de forma literal, las referencias están ahí. “La naturaleza, especialmente el océano y la vida submarina, me inspira profundamente”, explica. “También tomo referencias visuales de la biología —órganos, corales, criaturas marinas— por sus formas y texturas tan fascinantes”.

Esa influencia se nota en las formas redondeadas, en los volúmenes abultados y en las superficies que recuerdan a corales, anémonas o estructuras orgánicas difíciles de clasificar.

"Gloopy Planter" de Teresa Berger
«Gloopy Planter» de Teresa Berger

El estudio como zona de libertad

El espacio donde trabaja es clave para que toda esta magia ocurra. “Trabajo mejor en mi propio estudio, donde tengo la libertad de experimentar, desordenar y concentrarme”, dice. No se trata de un caos absoluto, sino de un entorno flexible. “Es un desorden organizado: todo tiene su lugar, pero las cosas pueden volverse caóticas mientras trabajo”.

Ese margen de desorden le permite probar, equivocarse y repetir. El estudio funciona como un laboratorio donde el error no se corrige de inmediato, sino que se observa. Muchas de las decisiones más interesantes aparecen ahí, cuando el material no responde como estaba previsto.

"Orange Pillar" de Teresa Berger
«Orange Pillar» de Teresa Berger

La colección creada para Kave Gallery reúne cuatro piezas que muestran distintas facetas de su investigación.

Tactile Pink es un jarrón escultórico con una presencia corporal. Pequeños puntos aplicados a mano recorren la superficie, mientras gruesas lenguas de esmalte rosa emergen de pequeñas aberturas y se deslizan hacia abajo. Sí, vas a querer tocarla nada más verla.

En Melting White, el efecto es más sutil pero igual de desconcertante. Grandes gotas brillantes parecen deslizarse sobre una superficie blanca, suave y casi nubosa. El acabado monocromo refuerza esa ambigüedad entre algo sólido y algo que parece derretirse lentamente.

Gloopy Planter juega abiertamente con la función. Es un macetero, pero también una escultura. Sus volúmenes redondeados en tonos rojos y rosas están cubiertos por capas espesas de esmalte que crean una superficie rica, irregular y muy expresiva.

Por último, Orange Pillar presenta una forma más contenida y vertical. El naranja mate domina la pieza, pero pequeños orificios dejan escapar esmalte brillante que se desliza por la superficie, evocando la imagen de un polo derritiéndose.

“Estos objetos están inspirados en mi interés por las cualidades táctiles y transformadoras de la cerámica. Exploro cómo interactúan la forma, la superficie y el esmalte, y cómo algo sólido puede parecer blando, fluido o incluso en movimiento”, apunta.

Buen mix

“Colaborar con Kave Home significa hacer el diseño coleccionable más accesible y combinar su enfoque en la sostenibilidad con mi manera de trabajar, más manual y artística”, explica. Le interesan especialmente “las piezas decorativas que difuminan la línea entre escultura y función”.

Extrañas, táctiles y un poco imprevisibles, así son sus piezas. Como si no terminaran de pertenecer a este mundo. Por eso nos resultan tan difíciles de olvidar.