Cuidar una Flor de Pascua puede parecer sencillo, pero quienes trabajan cada día con plantas saben que su belleza depende de pequeños gestos muy concretos. Es una flor delicada, sensible a los cambios y a la humedad, y por eso los jardineros suelen insistir en un consejo que, aunque parezca mínimo, transforma por completo su aspecto: el riego debe ser extremadamente moderado y, sobre todo, muy bien gestionado.
A diferencia de otras plantas de interior, la Flor de Pascua no agradece los riegos abundantes ni frecuentes. Sus raíces son finas y vulnerables, y cualquier exceso de agua provoca que se saturen, se asfixien y terminen dañándose. Visualmente, el resultado es fácil de reconocer. Las hojas empiezan a perder firmeza, se tornan amarillentas y, en poco tiempo, caen. Para evitarlo, los expertos recomiendan regar siempre con la idea de aportar únicamente lo justo, nunca más.
Los profesionales coinciden en que debe hacerse con precisión y sin prisas. La forma más eficaz consiste en regar desde arriba, dejando que el sustrato absorba lo que necesite. Coloca un plato bajo la maceta solo unos minutos, el tiempo suficiente para que recoja el exceso de agua, y retíralo en cuanto haya escurrido. Después, deja que la tierra se seque por completo antes de volver a regar. Ese intervalo puede ser de uno o dos días, según la temperatura del hogar: cuanto más cálido esté el ambiente, antes requerirá un nuevo aporte de humedad.
Otros trucos de experto para cuidar la Flor de Pascua (poinsettias)
Además del riego, hay otros factores que ayudan a mantenerla radiante durante toda la temporada. La luz es uno de ellos. Esta planta prefiere la claridad suave, nunca el sol directo, que puede quemar sus hojas y alterar el tono intenso de sus brácteas. Colocarla cerca de una ventana luminosa, con una cortina ligera que filtre la luz, suele ser la ubicación ideal. También agradece los ambientes estables, lejos de corrientes de aire frío, puertas que se abren constantemente o fuentes de calor demasiado cercanas, como radiadores o chimeneas.
La temperatura perfecta para que se mantenga vibrante se sitúa entre los 16 y los 22 grados. Más frío o más calor pueden provocar estrés en la planta, que reaccionará soltando hojas o perdiendo color. Por eso es habitual que, durante las fiestas, quienes la cuidan con esmero la coloquen en rincones tranquilos, donde la luz sea amable y el movimiento de la casa no la altere.
Otro aspecto que los jardineros recalcan es el tacto. Las brácteas -esas hojas de color que parecen pétalos- son muy sensibles al roce. Colocar la Flor de Pascua en un lugar donde nadie la golpee sin querer, donde los niños y las mascotas no la alcancen y donde las cortinas o muebles no la rocen con frecuencia, ayuda a que conserve su forma y color durante más tiempo.
Con estos cuidados, la Flor de Pascua puede permanecer hermosa durante toda la Navidad e incluso más allá. Lo que parece un simple gesto -regar con moderación y retirar siempre el exceso de agua- se convierte en un pequeño ritual que marca la diferencia. Un detalle de atención que nos recuerda que, en el hogar, la belleza también se sostiene desde lo cotidiano.