Así es el estilo de vida Lagom que conquista los hogares.
No existe una única receta para la felicidad. A lo largo de la historia, diferentes culturas han encontrado fórmulas para alcanzar ese estado de equilibrio y bienestar. En Suecia, una de esas fórmulas se llama Lagom, una filosofía de vida que se centra en lo esencial, en saber cuándo parar y en aprender a disfrutar con la cantidad justa de todo lo que nos rodea.
El término proviene de la antigua palabra nórdica lag (“ley”) y en sueco se relaciona con la idea de “lo adecuado para el grupo”. Su origen se remonta a la época de los vikingos, quienes compartían bebida en torno a una hoguera, asegurándose de que todos recibieran su parte justa. Aunque su traducción exacta varía según el contexto, todas coinciden en un mismo espíritu: tomar la decisión correcta, ni demasiado ni demasiado poco, lo justo para el equilibrio propio y colectivo.
Hoy, siglos después, este concepto sigue vivo y se ha convertido en un estilo de vida que promueve la moderación como camino hacia el bienestar. Una filosofía que no solo se aplica en la rutina diaria, sino que también ha encontrado su lugar en el diseño de interiores. Según el lagom, la felicidad no se alcanza acumulando cosas, sino cultivando el equilibrio, la sencillez y el respeto por el entorno.
En la decoración, el lagom se traduce en espacios equilibrados, prácticos y sin excesos. No busca la ostentación, sino la armonía a través de lo esencial. Frente al hygge danés, que apuesta por lo acogedor y lo sensorial, el lagom defiende ambientes funcionales, neutros y despejados que nos ayuden a crecer y a vivir con calma.
El lagom también tiene una dimensión profundamente sostenible. Al promover la moderación, invita a comprar menos pero de mejor calidad, reducir residuos y alargar la vida de los objetos. De este modo, no solo mejora nuestro bienestar personal, sino que también fomenta un consumo más responsable y respetuoso con el entorno.
La felicidad está en lo justo, en la medida adecuada. Sin embargo, lo que significa “lo justo” puede variar para cada persona. Parte de la riqueza de esta filosofía es que no impone reglas rígidas, sino que reconoce que cada uno tiene su propia manera de encontrar el equilibrio.
Así, el lagom combina lo individual con lo colectivo: invita a buscar lo que nos hace sentir bien a nosotros mismos, pero también a respetar al entorno y a quienes nos rodean. Una visión sencilla, pero poderosa, que nos recuerda que la verdadera felicidad no está en tenerlo todo, sino en disfrutar de lo necesario.
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