Dos amigas, un piso pequeño y un nuevo comienzo: así viven Núria y Eulàlia en Barcelona

La historia de dos amigas que han vuelto a empezar compartiendo piso

Un piso pequeño, dos amigas y un nuevo comienzo en Barcelona.

Núria Costa y Eulàlia Duran comparten piso en Barcelona desde hace unos meses. Viven en un apartamento pequeño y luminoso, en una etapa marcada por cambios y nuevos comienzos. Núria es diseñadora de ropa y combina su práctica creativa con la docencia universitaria. Eulàlia trabaja como ilustradora y diseñadora gráfica, da clases de yoga y desarrolla su proyecto personal como freelance. Llegaron a esta casa casi sin planearlo y, poco a poco, se ha convertido en el lugar desde el que empieza algo nuevo.

“Pensé que podía ser un buen comienzo para las dos”

Un buen sofá, una manta y la calma de pasar tiempo en casa.

Todo empezó de forma bastante intuitiva. Núria estaba buscando piso y Eulàlia se sumó a la idea casi sin pensarlo demasiado. “Yo estaba buscando piso y Lali se sumó a la idea. Encontramos este bastante rápido y tuvimos mucha suerte. Nos mudamos hace unos cuatro meses y desde entonces lo hemos ido haciendo nuestro, trayendo cosas de cada una y adaptándonos al espacio poco a poco”, cuenta Núria.

Para Eulàlia, el momento vital encajaba con ese movimiento. “Volví a Barcelona hace un año y estaba en un momento de pensar qué quería hacer y dónde vivir. Cuando Núria me dijo que buscaba piso, pensé que podía ser un buen comienzo para las dos. Vimos este piso y nos gustó desde el primer momento.”

Las dos atraviesan ahora un momento de cambio profesional, con proyectos que crecen y se reorganizan. Núria trabaja como diseñadora de ropa y tiene un estudio en Gràcia, muy cerca de casa, donde desarrolla sus piezas. También da clases en la universidad. “Estoy en una etapa de mucho trabajo y bastante movimiento”, explica.

Libros, objetos y tiempo compartido alrededor de la mesa baja, uno de los rincones más vividos del piso.

En el caso de Eulàlia, el regreso a Barcelona ha supuesto empezar de nuevo en muchos sentidos. “Trabajo como freelance, con mi proyecto de ilustración y diseño, y doy clases de yoga.” Aunque sigue muy conectada con Madrid, donde tiene clientes, amigos y familia, ha ido construyendo nuevas rutinas aquí. “Hace poco empecé en un estudio compartido en el Gótico, que también se siente como otro pequeño inicio.”

El comedor se ha convertido en el centro de la casa

En medio de ese ritmo, la casa aparece como un lugar de cierre y recogimiento. “Es el lugar al que vuelvo después de pasar el día entero fuera. Compartir el espacio con Lali hace que el día se cierre de otra manera. Es un punto de calma”, dice Núria. Eulàlia coincide en esa idea de sostén cotidiano. “Tener un espacio en el que te sientes a gusto ayuda mucho a poder concentrarte y sostener tus proyectos.”

Una silla que invita a quedarse.

El comedor se ha convertido en el centro de la casa. “Cada una a su rollo, haciendo nuestras cosas. A veces una está en el suelo con el ordenador y la otra tirada en la butaca, y aun así estamos juntas.” El piso es pequeño, pero funciona.

Es luminoso, tiene una terraza grande y ya ha empezado a llenarse de vida compartida. “Aunque llevamos poco tiempo, ya hemos podido compartir el espacio con amigos, organizando cenas o planes en casa. Por la noche solemos coincidir más y ese rato de contarnos el día se ha vuelto importante”, explica Núria.

El hecho de que el comedor sea abierto facilita esa convivencia. “Podemos estar juntas aunque cada una esté a lo suyo. A veces una cocina y la otra está en el sofá, y la conversación sigue. Creo que eso es una de las cosas bonitas de compartir piso”, añade Eulàlia.

La mesa del comedor se ha convertido en el centro de la casa: un lugar para trabajar, hablar y cerrar el día juntas.

Hay rincones que se vuelven especialmente significativos sin proponérselo. La mesa es uno de ellos. “Es donde más tiempo pasamos hablando y compartiendo. Me hace ilusión que tengamos cuadros hechos por las dos y ver cómo conviven en el espacio”, dice Núria.

Eulàlia menciona también la mesa baja del comedor. “Tenemos libros y piezas de cada una que nos han acompañado en otros pisos. Haber traído objetos que ya formaban parte de nuestra vida hace que la casa se sienta más nuestra desde el principio.”

“Hay un objeto que siempre me acompaña”

Aunque comparten casa, cada una conserva objetos que la representan y que han viajado con ellas a lo largo de los años. Núria convive con tejidos que forman parte de su trabajo y que va integrando en casa. Hay uno especialmente importante: “Una hoja de hierro que me regaló mi abuelo y que he llevado conmigo a todas las casas en las que he vivido.”

Piezas que han viajado con ellas desde otras casas y que ayudan a que el espacio se sienta propio desde el primer día.

Eulàlia está rodeada de libretas, láminas y piezas propias y de amigos. “Como un coche de mi amigo artista Emiliano.” También hay una lámpara con un valor especial: “La hicimos con mi tía Sofi, que es diseñadora de lámparas en Madrid. La construimos juntas y le tengo muchísimo cariño.” Porque el hogar no aparece de golpe. Se construye a partir de pequeños gestos y coincidencias.

“Un día nos dimos cuenta de que las dos teníamos el mismo silbato de cerámica. Ese tipo de coincidencias hacen que el espacio se sienta como en casa”, recuerda Núria. Para Eulàlia, también cuenta la comodidad y el deseo de estar. “Tener un buen sofá, una manta y ganas de pasar tiempo en casa.” Y la libertad de cambiar. “Nos gusta mover cosas, cambiar la distribución de los muebles y probar nuevas fórmulas.”

Objetos cotidianos y piezas personales que acompañan la vida diaria y hacen que el espacio se sienta vivido.

“Es lo que me hace sentir en casa”

Si tuvieran que guardar una imagen de este momento, ninguna elegiría algo extraordinario. Ambas hablan de escenas sencillas. “Las dos en casa, sentadas en la mesa, hablando sobre cómo ha ido el día. A veces una trabaja mientras la otra cena, pero siempre compartimos ese espacio antes de ir a dormir, y es lo que me hace sentir en casa”, dice Núria.

Eulàlia imagina otra escena similar: “Cocinando cosas ricas juntas y compartiendo una mesa bien puesta con amigos.” Pequeños momentos cotidianos que, sin buscarlo, definen lo que significa empezar de nuevo y construir hogar en compañía.