El tufting se ha convertido en uno de los lenguajes creativos más visibles del momento. Está en galerías de arte contemporáneo, en estudios de diseño, en casas que quieren algo distinto en la pared y, por supuesto, en Instagram. Parte de su éxito tiene que ver con lo evidente: es colorido, matérico y muy inmediato. Pero también hay algo más profundo. En un mundo dominado por pantallas, el tufting devuelve protagonismo al gesto manual, al error y al tiempo lento. Nos gusta porque se nota que está hecho a mano.
Dentro de este contexto, el trabajo de Bettina Willnauer destaca por su capacidad de contar historias sin volverse excesivamente solemne. Sus tapices construyen escenas que mezclan naturaleza, figuras humanas y objetos cotidianos, como si fueran fragmentos de un sueño que no necesita demasiadas explicaciones. Hay color, hay textura y hay una narrativa abierta que invita a mirar de cerca y que podías encontrar en Kave Gallery.

Desde el principio, su relación con el arte estuvo ligada a los materiales. “Siempre me han interesado mucho los colores y me he sentido muy inspirada por los textiles y su parte háptica en general”, explica. Durante su etapa escolar, las visitas a museos eran lo que más disfrutaba, y al terminar decidió estudiar Diseño Gráfico. Se formó en Viena y pasó un semestre de intercambio en Copenhague, pero pronto sintió que quería profundizar en el trabajo con textiles y convertirlos en obra.
El punto de inflexión llegó tras una experiencia clave. Después de hacer prácticas con Henrik Vibskov, diseñador y artista, lo tuvo claro: “Después de esa experiencia supe que quería trabajar dentro de este campo”. Fue entonces cuando incorporó el tufting a su práctica. “Decidí conseguir una pistola de tufting y aportar nuevas capas y dimensiones a mis bocetos, que hasta entonces eran en 2D”.

Caminar antes de crear
Antes de ponerse a trabajar, Bettina suele salir a dar un paseo. No como método, sino como una forma de vaciar la cabeza. “Normalmente, lo primero que hago es salir fuera, no sentarme directamente a empezar una obra, sino dejar que la mente divague”. En ese tiempo aparecen combinaciones de color, escenas mínimas y cruces inesperados que luego acaban filtrándose en su trabajo.
Después llega el cuaderno. “Busco combinaciones de colores y empiezo a dibujar en mi libreta”. Más tarde, esos bocetos se trasladan a la tela tensada, donde comienza el tufting. Nada queda fijado desde el inicio. “El boceto cambia una y otra vez cada vez que vuelvo a dibujar el motivo”.
Es ahí donde el proceso se vuelve casi meditativo. El ritmo repetitivo del gesto, el sonido constante de la máquina y la construcción lenta de la imagen convierten el trabajo en una experiencia muy física. “Para mí, el tufting es una especie de meditación: estar completamente en el momento, conmigo misma, y crear lo que se siente correcto en ese preciso instante. Es algo que me conecta con la tierra y, al mismo tiempo, me empodera”.

Textil en diálogo
Aunque el textil es el eje de su obra, Bettina no lo trabaja de forma aislada. “Trabajo sobre todo con textiles y en los últimos años me he centrado en la técnica del tufting para crear tapices”. Aun así, las colaboraciones forman parte esencial de su práctica. “Colaborar con distintas disciplinas enriquece mi trabajo”. Ha trabajado con diseñadores, músicos y artistas visuales, integrando textos, impresiones u objetos en sus exposiciones. “Las colaboraciones siempre me han motivado y me han llevado al camino en el mundo del arte por el que estoy caminando ahora”.

Naturaleza, símbolos y relatos tejidos
La inspiración vuelve una y otra vez al exterior. “La naturaleza y salir a caminar es lo que más me inspira”. También lo hacen las combinaciones de color que aparecen sin buscarse, tanto fuera como dentro del estudio. “Las combinaciones de color que veo de forma aleatoria en el exterior o en mi espacio de trabajo son una gran inspiración”.
Sus tapices funcionan como relatos visuales. Esta idea resume bien su enfoque: “Los tapices cuentan historias, cargadas de referencias culturales y simbolismo”. A partir de ahí, construye escenas sobre la relación entre el ser humano y la naturaleza, creando “pequeños universos en los que cualquiera puede entrar”. Algunas piezas parten de referencias históricas concretas, como la fiebre del tulipán y la primera gran burbuja financiera. Otras se apoyan en la tradición simbólica de flores y jardines en el arte textil. Todo convive sin jerarquías ni lecturas cerradas.

El espacio y el contexto en Kave Home
“El espacio en el que creo mis obras es muy importante para mí”. Necesita distancia para ver las piezas completas y buena luz para ajustar las combinaciones de color. El tapiz se construye pensando tanto en el detalle como en la visión de conjunto.
La colaboración con Kave Home se inscribe de forma natural en su manera de trabajar. “La colaboración en general juega un papel muy importante en todo mi proceso de creación e inspiración”. Lo que más le interesó fue el intercambio con otros artistas y el diálogo en torno a las obras seleccionadas.
Su producto favorito de Kave Home tiene una historia personal detrás. “Mi producto favorito de Kave Home es un sofá rosado que tienen unos amigos muy cercanos”. Lo asocia a recuerdos concretos: “Muy buenos momentos sentados en ese sofá, comiendo, hablando y pasando un buen rato”. Fue ahí, precisamente, donde escuchó por primera vez hablar de la marca.