Cuando llega noviembre, el ritmo de la casa cambia. La luz se vuelve más suave, las temperaturas descienden y los interiores nos invitan a quedarnos un poco más. Es el momento de crear refugios cálidos y llenos de vida. Y pocas cosas transforman tanto un espacio como las plantas. Alejandra Coll, experta en diseño vegetal y fundadora de Asilvestrada, lo tiene claro: “En esta época buscamos especies resilientes a la menor luz y que aporten textura y calidez”.
Las mejores plantas de interior para otoño
Coll defiende que el otoño no significa despedirse del verde, sino aprender a adaptarlo. “Recomiendo plantas de follaje verde y con muy poco mantenimiento, como la Aspidistra o la Kentia”, explica. Ambas son perfectas para interiores con poca luz natural, y su porte elegante aporta serenidad a cualquier estancia. “También las Calatheas, que además añaden un toque de color a casa. Eso sí —advierte— no les gusta nada el sol directo, así que conviene elegir bien su ubicación”.
Plantas mediterráneas que resisten el frío
Más allá de las especies tropicales, Coll invita a apostar por plantas autóctonas que reflejen nuestra identidad mediterránea. “Recuperar especies locales es dar valor a nuestro paisaje y mantener vivas tradiciones”, señala. Para balcones o terrazas soleadas, recomienda variedades como el mirto (Myrtus communis), el lentisco (Pistacia lentiscus) o el romero rastrero: “Fáciles de cuidar, resistentes y con un aroma inconfundible que transforma cualquier rincón”.
La experta insiste en que las plantas deben acompañar el ritmo de la estación y del hogar. Por eso, propone incorporar elementos que evoquen la naturaleza en calma: “En otoño me encanta incluir ramas secas, que acompañan la estación sin necesidad de cuidados intensivos”. Este gesto, dice, no solo es estético, sino también simbólico. “Trabajar con elementos que cambian con las estaciones nos recuerda que la naturaleza tiene sus tiempos, y que nuestra casa puede seguirlos”.
Plantas que arropan tu hogar
La presencia vegetal, sostiene, no se limita a lo decorativo. “Las plantas no solo embellecen un espacio: aportan claramente un bienestar físico y emocional. Purifican el aire, suavizan la acústica, regulan la humedad ambiental… pero, sobre todo, crean un vínculo con la naturaleza dentro del hogar”, explica. Para Coll, esa conexión es lo que da sentido a su trabajo: “Nos recuerdan que habitamos un entorno vivo y que cuidar de una planta es también una forma de cuidarnos a nosotros mismos”.
En definitiva, nos invita a observar qué necesita cada rincón y elegir las especies que aporten calma, textura y calidez. Como dice Coll, “trabajar con la naturaleza es aprender a escucharla”. Quizá ese sea el mayor lujo del otoño: dejar que el hogar respire, despacio, al mismo ritmo que la estación.