Abid Javed, biólogo antes que escultor, crea piezas que parecen evolucionar: «Repito hasta que la pieza cobra vida”

En sus manos, la cerámica se convierte en una biología poética donde el diseño y la ciencia hablan el mismo idioma

El artista Abid Javed.
El artista Abid Javed. Foto: Kave Home

La primera impresión al ver una obra de Abid Javed es la de estar frente a algo que ha crecido, no que ha sido construido. Sus esculturas no parecen hechas, sino desarrolladas por sí mismas, como si el artista hubiese encontrado una forma de acompañar a la materia en su propio proceso de mutación.

Anatomía de una forma que respira

Javed se formó en biología molecular, y aunque hace años cambió el microscopio por el torno, sigue observando la realidad con la misma curiosidad científica. En su estudio londinense, la arcilla actúa como un organismo: se mezcla, se agranda, se transforma, se contrae. Lo invisible se hace tangible, lo microscópico adquiere escala humana. «Mi trabajo parte de un enfoque abstracto y surrealista», explica. «Me interesa crear paisajes escultóricos inspirados en la biología y sus narrativas.»

El resultado son objetos moleculares, como él los llama: esculturas que existen a medio camino entre la ciencia y la estética, entre el rigor analítico y la emoción intuitiva.

Pleomorph (via nerikomi) 01 de Abid Javed

Un laboratorio silencioso

El taller de Javed se parece más a un laboratorio que a un estudio tradicional. Sobre las mesas se alinean fragmentos de arcilla, muestras de color, cuadernos llenos de diagramas. Cada pieza comienza con un dibujo rápido, una intuición que evoluciona mediante variaciones sucesivas. “Empiezo con un concepto o un boceto —cuenta—, y luego hago distintas versiones hasta decidir cuál seguir. Selecciono la arcilla y el color que acompañarán a la forma, a veces por decisión consciente, otras por ensayo y error.”

Su método combina precisión y azar. Usa la técnica del enrollado, dejando que la arcilla se seque parcialmente antes de esculpir y añadir los detalles. Después, la cuece a alta temperatura, la lija, la pule. El proceso recuerda a la observación científica: repetición, registro, paciencia. “Repito hasta que la pieza cobra vida”, dice. Pero lo más sorprendente no es el resultado físico, sino su ambigüedad: cada obra parece a la vez natural y artificial, biológica y digital.

Una biología imaginaria

Javed se interesa por lo que no se ve. Lo que en la ciencia son células, moléculas o estructuras microscópicas, en su trabajo se transforma en símbolos visuales. Sus esculturas reinventan lo organismos. En su universo, una forma puede ser un fragmento de coral, una célula en división o una constelación lejana.

El artista lo define como “una práctica abstracta y surrealista” influida por la biología, la geometría islámica y el diseño del siglo XX. En sus piezas hay ecos de Jean Arp y Brancusi, pero también de las mezquitas de Samarcanda o los patrones de los mosaicos fatimíes. La geometría y la vida, la ciencia y la fe, el cálculo y la intuición: todo se entrelaza.

Sus esculturas ocupan un terreno liminal, el espacio exacto donde el arte deja de ser representación para convertirse en fenómeno. Y aunque están hechas de arcilla y esmalte, conservan algo de movimiento, como si siguieran creciendo.

El artista Abid Javed. Foto Kave Home

Pleomorph (via nerikomi): una célula que se transforma

La pieza creada para Kave Gallery, titulada Pleomorph (via nerikomi), parte de una idea biológica: el cambio. En biología, el “pleomorfismo” es la capacidad de ciertos organismos de variar su forma. En el lenguaje de Javed, esa transformación se vuelve visible. “La forma está inspirada en una estructura molecular que cambia dentro de la célula”, explica. Para construirla, utilizó la técnica japonesa del nerikomi, en la que diferentes tipos de arcilla se combinan para crear vetas internas. “Elegí el azul y el blanco como un homenaje a la cerámica tradicional china.”

El resultado es una pieza única, de cerámica stoneware, con una piel jaspeada que parece moverse bajo la luz. “Me interesa que mis piezas puedan habitar ese espacio intermedio entre el arte y el diseño”, añade.

Materia, cultura y memoria

Aunque su obra nace de la biología, también está atravesada por su herencia cultural. Javed creció rodeado de referencias al arte islámico, la caligrafía y la geometría, y esa memoria visual se filtra en sus composiciones. “Exploro conceptos que van desde las células hasta el biomorfismo, integrando mi herencia cultural con la geometría islámica y el diseño moderno”, afirma. Esa convergencia da lugar a una estética contenida pero emocional, donde lo racional convive con lo espiritual.

Pleomorph (via nerikomi) 01 de Abid Javed

La colaboración con Kave Home

“Me siento muy honrado —dice—. Kave Home tiene una fuerte presencia en el mundo del diseño interior, y me alegra poder conectar con su público a través de mi obra.”

Ambas partes comparten una sensibilidad hacia los materiales y el proceso. La cerámica, como el diseño bien hecho, tiene memoria: conserva las huellas del gesto y del tiempo. En Pleomorph, esa idea se amplifica: lo artesanal y lo científico se dan la mano. “Me llamó la atención la colección Pirita —confiesa—, especialmente por su equilibrio entre forma y materia.”

Observar una escultura de Abid Javed es un poco como mirar un organismo a través de un microscopio: cuanto más te acercas, más se revela el orden interno que la gobierna. Sus obras nos permiten participar en su mundo. No son ilustraciones científicas, son traducciones poéticas de lo vivo.