Nostalgia, pereza y una inquietud sutil... Si a ti también te ocurre, no estás solo.
¿Alguna vez te ha invadido una sensación de desánimo un domingo por la tarde? No eres el único. Esa mezcla de pereza, nostalgia o ansiedad se conoce como “síndrome del domingo” o Sunday Blues, y afecta a muchas más personas de las que imaginas.
Después de un fin de semana de descanso o planes, o al final de una semana exigente, el domingo por la tarde puede despertar pensamientos anticipados sobre lo que viene: tareas, obligaciones, rutinas. Lo que debería ser un cierre suave puede sentirse como una cuenta atrás hacia la próxima semana.
La buena noticia es que este estado emocional no es inevitable. Con unos cuantos hábitos sencillos, podemos resignificar este momento y convertirlo en un espacio íntimo, reparador y más amable.
Anticiparte un poco a lo que viene te permitirá descansar mejor. No hace falta planificar cada minuto, pero sí trazar un esquema mental de las citas, reuniones o tareas más relevantes. Tener esa visión clara evita que el domingo por la tarde se llene de preocupaciones difusas. Puedes hacerlo el sábado por la mañana, el domingo después de desayunar o cuando encuentres un momento tranquilo. Planificar, aunque sea con lápiz y papel, te ayuda a liberar espacio mental.
El ejercicio no es solo para el cuerpo: también limpia la mente. Salir a caminar, montar en bici, practicar yoga o simplemente estirarte en casa puede ayudarte a reconectar contigo y liberar endorfinas, que favorecen el buen ánimo. No se trata de hacer una rutina intensa, sino de moverte con gusto. Un paseo al aire libre, por ejemplo, es suficiente para marcar la diferencia.
A veces, lo que más necesitamos es simplemente ir más despacio. Haz una pausa consciente. Respira. Observa. Deja que el ritmo del día se desacelere poco a poco, sin exigencias. Bajar las revoluciones no significa no hacer nada, sino habitar el tiempo con otra presencia, sin prisa y sin culpa. A menudo, eso basta para que el domingo recupere su esencia.
Esa bombilla sin cambiar, ese cajón desordenado, ese mensaje que llevas días sin responder. Aprovechar este rato para cerrar pequeñas tareas que sueles postergar puede ser más reparador de lo que parece. No solo limpias el espacio, también liberas la mente. Elige una sola cosa y hazla sin exigencia, con calma. Te sorprenderá la sensación de ligereza que deja.
Dedica tiempo a una actividad que te haga sentir bien. Leer, escribir, cocinar algo sin prisa, cuidar tus plantas, ver una película que te emocione. No hace falta que sea productivo ni extraordinario. Solo que te guste. Convertir el domingo por la tarde en un espacio para el placer personal —aunque sea simple— ayuda a resignificarlo como un momento valioso.
Encender una vela, darte un baño, ponerte una mascarilla, leer un capítulo de ese libro que siempre pospones. El autocuidado puede tomar muchas formas, pero todas ellas tienen algo en común: nos devuelven al presente. Dedicarte un rato solo a ti, sin interferencias, también es una forma de prepararte emocionalmente para empezar la semana desde un lugar más consciente y ligero.
Crear un ritual personal para cerrar el fin de semana puede ayudarte a marcar una transición emocional suave hacia el lunes. No tiene por qué ser algo complejo: puede ser preparar una cena ligera con música tranquila, escribir unas líneas en un cuaderno o tumbarte en el sofá con tu manta favorita y una película.
La clave está en que ese momento sea tuyo, que se repita con cierta regularidad y que funcione como una forma de decirle a tu mente y a tu cuerpo: “todo está bien, mañana empieza otro ciclo, y estoy preparado para él”.
Es solo una curva suave antes de otro comienzo. Y aunque la rutina nos empuje a pensar lo contrario, también puede ser un espacio amable para reconectar con lo que nos equilibra, cuidarnos y recordar que el descanso no es un lujo: es parte de lo que nos sostiene.
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