Con productos ecológicos y sencillos, dejamos todo listo para un invierno más ligero.
Noviembre es el mes en que la casa empieza a pedir atención. Los días se acortan, las ventanas se cierran más tiempo y el aire se vuelve más denso. Es el momento perfecto para hacer una limpieza profunda: airear, ordenar y preparar cada rincón antes del invierno. Más que una rutina de limpieza, se trata de un gesto de renovación. Dejar que entre el aire fresco, que los espacios respiren y que el hogar vuelva a sentirse claro, limpio y cálido.
Antes de empezar, conviene hacerlo con calma y propósito. Divide el trabajo en pequeños pasos, prepara tu kit ecológico —vinagre blanco, bicarbonato, jabón de Marsella, percarbonato y paños de microfibra— y ventila bien. Cada mezcla casera que prepares debe ser sencilla, segura y, sobre todo, respetuosa con el aire que respiras.
Empieza por los armarios. Son los primeros que acumulan polvo, fibras y olores sin que lo notemos. Vacíalos poco a poco, prenda a prenda, aprovechando para revisar lo que realmente usas. Limpia las baldas con un paño humedecido en agua tibia y jabón de Marsella. Si hay olores, espolvorea un poco de bicarbonato, deja actuar unos minutos y retira con un paño seco.
El aire de noviembre es ideal para ventilar prendas de lana o abrigo: déjalas colgadas junto a una ventana abierta durante una hora y recuperarán su frescura. Guarda las prendas de verano en fundas transpirables y deja a mano las de invierno, dobladas y ordenadas. Entre ellas, puedes colocar saquitos de lavanda, hojas de laurel o pequeños trozos de madera de cedro: perfuman y alejan los insectos.
Evita guardar los zapatos dentro del mismo armario. Además de acumular polvo y olores, interrumpen la frescura de la ropa limpia. Un zapatero cerrado o una zona ventilada en la entrada será siempre mejor opción.
La cocina es el corazón del hogar y, en noviembre, conviene darle un respiro antes de las fiestas.
Comienza por las superficies más visibles: encimeras, azulejos y frentes de armarios. Una mezcla de vinagre blanco, agua caliente y unas gotas de jabón natural elimina grasa y desinfecta sin dejar rastro.
Para las zonas más difíciles —como la campana o el horno— el bicarbonato será tu aliado. Haz una pasta con agua, aplícala sobre las manchas y deja que actúe antes de retirarla con un paño húmedo. En pocos minutos, volverá el brillo.
Vacía el frigorífico y limpia los estantes con jabón suave. Después, pasa una solución de vinagre y agua para neutralizar olores y mantener un entorno higiénico. Un pequeño cuenco con bicarbonato dentro del refrigerador ayudará a absorber la humedad y los olores durante semanas.
Los grifos y el fregadero, por su parte, agradecerán un tratamiento antical natural. Diluye ácido cítrico en agua, pulveriza, espera unos minutos y seca con un paño suave. Volverán a brillar sin necesidad de químicos agresivos.
Aprovecha este momento para reorganizar la despensa. Revisa fechas de caducidad, guarda los alimentos en tarros de cristal y deja libre una balda para las recetas y dulces del invierno que llega.
Limpiar las ventanas en noviembre es una forma de invitar a la luz del invierno a entrar. Empieza por los marcos y las juntas, que suelen acumular polvo. Pasa un paño húmedo con jabón neutro y seca bien. Para los cristales, basta una mezcla de vinagre y agua tibia: limpia, desengrasa y deja un brillo natural sin marcas. Si tus ventanas tienen persianas, aprovecha para limpiar los carriles y pasar un cepillo suave por las lamas.
Revisa también los burletes: un sellado correcto evitará corrientes y mejorará el aislamiento cuando llegue el frío. Y no olvides las cortinas. Un lavado suave con jabón de Marsella y una cucharada de percarbonato devolverán la claridad al tejido. Si prefieres no lavarlas todavía, un golpe de vapor bastará para refrescarlas.
No necesitas productos complicados ni perfumes artificiales. La combinación de agua, vinagre y jabón natural basta para limpiar casi toda la casa. Si quieres añadir un toque aromático, utiliza aceites esenciales de lavanda, limón o eucalipto, siempre en pequeñas dosis. Además de perfumar, ayudan a purificar el aire.
El percarbonato es el mejor aliado para blanquear paños y manteles, mientras que el bicarbonato neutraliza olores y suaviza superficies. Y, si tienes una máquina de vapor, úsala para desinfectar textiles y juntas sin dejar residuos. Lo más importante es no mezclar productos incompatibles —como vinagre con lejía o amoníaco— y etiquetar las mezclas caseras para mantenerlas seguras.
Importante: no mezclar vinagre/ácido cítrico con lejía o amoníaco. Guarda las soluciones caseras etiquetadas y fuera del alcance de niños y mascotas.
La limpieza de noviembre no es solo una tarea práctica: es un ritual de bienestar. Al limpiar y ordenar, también ordenamos el ánimo. Cada rincón que recupera su brillo devuelve ligereza al hogar. Los armarios huelen a lavanda, la cocina respira aire nuevo y las ventanas dejan pasar la luz del invierno.
Con gestos simples y productos naturales, la casa se renueva y se prepara para lo que viene: días más lentos, reuniones en torno a la mesa y el placer de estar dentro. Porque cuidar del espacio que habitamos es, en el fondo, una forma de cuidarnos a nosotros mismos.
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