Recetas

Rosquillas caseras: una receta tradicional que sabe a pueblo

Hay recetas que no necesitan presentación. Las rosquillas forman parte de esa cocina cotidiana que se transmite sin prisa, ligada a la memoria, al gesto repetido y al tiempo compartido. Prepararlas es volver a una forma de hacer pausada, donde el olor a masa frita llena la casa y convierte la cocina en un lugar de encuentro. Son dulces sencillos, nacidos de ingredientes básicos, que hablan de cuidado, de celebración y de hogar.

Ingredientes

  • 3 huevos
  • 100 g de azúcar
  • 100 ml de aceite de oliva suave
  • 1 chorrito de anís o ralladura de limón
  • 1 sobre de levadura química
  • Harina de trigo, la que admita (aproximadamente 500 g)
  • Aceite suave para freír
  • Azúcar para rebozar

Elaboración

  1. En un cuenco amplio, batimos los huevos junto con el azúcar hasta obtener una mezcla clara y homogénea. Añadimos el aceite de oliva poco a poco, integrándolo con calma, y el anís o la ralladura de limón, que aportará un aroma delicado y reconocible.
  2. Incorporamos la levadura y empezamos a añadir la harina de forma gradual. La masa debe quedar blanda pero manejable, sin pegarse en exceso a las manos. Este paso requiere atención y paciencia: cada harina responde de manera distinta y el punto se alcanza observando la textura y confiando en el tacto.
  3. Dejamos reposar la masa unos quince minutos. Mientras tanto, calentamos abundante aceite en una sartén honda a fuego medio. El aceite no debe estar demasiado fuerte; las rosquillas necesitan tiempo para cocinarse por dentro sin oscurecerse en exceso.
  4. Con las manos ligeramente aceitadas, formamos pequeñas bolas, hacemos un agujero en el centro y les damos forma de rosquilla. Las freímos por tandas, girándolas con cuidado hasta que estén doradas de forma uniforme. Las retiramos y las dejamos escurrir sobre papel absorbente. Aún templadas, las rebozamos en azúcar.

Cuándo se consumen y de dónde son típicas las rosquillas

Las rosquillas tradicionales forman parte del recetario popular de muchas regiones de España y están especialmente ligadas a celebraciones religiosas y festividades locales. Son típicas durante la Semana Santa, las fiestas patronales y romerías, así como en celebraciones familiares donde la cocina se convierte en un espacio compartido. En muchas casas, preparar rosquillas es un gesto heredado, asociado a la llegada de la primavera o a encuentros señalados, cuando el tiempo se detiene y la cocina vuelve a ocupar un lugar central.

Existen numerosas variantes según la zona: rosquillas de anís, rosquillas fritas, rosquillas tontas o listas, pero todas comparten un mismo origen humilde y una intención clara: aprovechar ingredientes sencillos para crear un dulce que acompaña y reúne. Su presencia en mesas y bandejas es una forma de mantener viva una tradición que pasa de generación en generación.

Un gesto sencillo que permanece

Las rosquillas se disfrutan sin artificios, acompañadas de un café, una infusión o una sobremesa larga. Se conservan bien varios días, aunque rara vez llegan intactas. Porque hay recetas que no solo alimentan, sino que sostienen vínculos y construyen recuerdos.

Prepararlas es una forma de cuidar, de volver a lo esencial y de recordar que el hogar también se construye a través de pequeños rituales cotidianos. En ese gesto repetido, casi silencioso, las rosquillas siguen ocupando su lugar: el de un dulce que sabe a casa y a tiempo compartido.

Julia Puentes

Nacida y criada en Madrid, comenzó a escribir cuentos a los diez años y pronto descubrió su pasión por comprender y contar historias, lo que la llevó a estudiar periodismo. Su amor por la arquitectura y el diseño la llevó a viajar por Europa y a profesionalizarse en interiorismo en 2015, tras colaborar con revistas de diseño en Berlín. Actualmente, Julia combina su pasión por las letras y la estética en su blog, entrevistando a diseñadores, arquitectos y artesanos. Su hogar, lleno de libros, objetos de sus viajes y un escritorio con vistas a un jardín urbano, refleja su estilo y su talento para crear ambientes acogedores y funcionales.

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