Un reto de 7 días inspirado en Marie Kondo para ordenar la casa con calma.
Ordenar no siempre significa deshacerse de cosas, sino aprender a vivir con lo que realmente necesitamos y amamos. Inspirado en el método de Marie Kondo, este reto de 7 días para ordenar la casa propone una forma pausada y consciente de reconectar con los objetos que nos acompañan.
Durante una semana, cada día se dedica a una zona diferente del hogar. Pequeños gestos diarios que, en conjunto, transforman el espacio y la forma en que lo habitamos.
Comienza por la ropa. Sácalo todo: cada prenda, abrigo o accesorio. Tómalos entre tus manos y pregúntate si te hacen sentir bien. Quédate solo con aquello que aporta comodidad, alegría o confianza. Dobla cada prenda con cuidado, crea secciones por color o uso, y deja espacio para el aire y la luz. Un armario ordenado cambia el tono de cada mañana.
Los libros, apuntes o papeles suelen acumularse con facilidad. Revisa con calma qué realmente sigues consultando y qué guardas por costumbre. Clasifica por categorías: documentos importantes, papelería de uso y recuerdos. Guarda lo imprescindible en carpetas o cajas, y libera las superficies. La mente se despeja cuando el escritorio también lo hace.
La cocina es donde más se nota el paso del tiempo y el uso diario. Revisa utensilios, menaje y despensa. Descarta lo duplicado o dañado, agrupa por función (cocinar, servir, almacenar) y guarda lo más utilizado a la vista. Una cocina funcional no solo es más práctica, también invita a disfrutar más del acto de cocinar.
En el baño, el exceso suele esconderse en los cajones. Reúne cosméticos, medicamentos y toallas. Revisa fechas, elimina lo que no usas y coloca lo necesario en bandejas o cestas. El orden visual en este espacio tiene un efecto inmediato: transmite limpieza, frescura y equilibrio.
Aquí el reto es emocional. El salón suele ser un reflejo de lo que vivimos. Despeja superficies, revisa libros, adornos o textiles. Quédate solo con lo que hace el espacio más amable y sereno: una manta que reconforta, una vela, una fotografía. Menos es más cuando cada objeto tiene sentido.
Los recuerdos son lo más difícil de ordenar. Fotografías, cartas, dibujos o regalos guardan parte de nuestra historia. No se trata de desechar, sino de elegir con amor qué conservar. Dedica tiempo a revisarlos con calma y busca un modo de conservarlos que los honre: un álbum, una caja o una vitrina especial.
El último día, recorre la casa entera. Respira los espacios, abre las ventanas y observa lo que ha cambiado. Verás más luz, más aire y una sensación de calma que se extiende. No es solo orden físico: es equilibrio interior. Celebra el proceso. Has creado un hogar más ligero, funcional y fiel a ti.
No lo olvides. El orden, más que un destino, es una práctica. No busca la perfección, sino la armonía. Cada cosa que conservamos, cada rincón que despejamos, habla de lo que valoramos y de la forma en que elegimos vivir. Siete días bastan para empezar a transformar la casa… y un poco también, a quien la habita.
El aparador es uno de esos muebles que resuelven sin imponerse. Guarda, ordena y acompaña…
Los objetos que habitan una casa no son inocentes. Para el artesano Frank Buschmann, “los…
Enero invita a bajar el ritmo. La casa se vuelve más silenciosa, la luz cambia…
La madera oscura aporta presencia, profundidad y una elegancia atemporal que pocos materiales consiguen. Tiene…
El vinagre de limpieza lleva tiempo ocupando un lugar discreto en muchos hogares. No promete…
Los vaqueros (o jeans) forman parte de nuestra vida diaria. Los usamos para trabajar, para…