El sabor del otoño en una galette: higos, almendras y el placer de hornear despacio.
Cuando la temperatura se vuelve más fresca y los días se acortan, la naturaleza nos ofrece su cara más generosa. Los colores se tornan cálidos, las luces más suaves, y los higos, en su última aparición antes del descanso invernal, se convierten en un regalo para la vista y el paladar. Su dulzura melosa y su textura carnosa evocan los últimos días de verano y anticipan la calma otoñal.
En esta galette, celebramos ese tránsito de estaciones: una receta sencilla y artesanal, con el encanto de lo imperfecto y el valor de lo hecho con las manos. Su masa dorada y crujiente envuelve los higos con un toque de almendra molida, mientras el horno llena la casa con el aroma de la mantequilla y la fruta madura.
Cuando la galette sale del horno, su aroma llena la casa. Es un postre que invita a poner la mesa con mimo y disfrutar sin prisas. Puedes servirla sobre una tabla de madera o un plato de cerámica artesanal, dejando que su belleza natural destaque sin adornos excesivos.
Decórala con unas hojas de menta o de lavanda fresca, y sírvela tibia. Su sabor alcanza el equilibrio perfecto si la acompañas con una bola de helado de vainilla o una cucharada de crema batida sin azúcar. Así, la suavidad de la nata y la frescura del helado realzan la dulzura del higo y la riqueza de la masa.
Más que una receta, es una manera de celebrar la estación: un gesto sencillo que nos recuerda que el hogar también se nutre de esos pequeños rituales que nos conectan con el ritmo natural del tiempo.
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