Pequeños gestos para empezar el año con una energía más serena, sin convertir la casa en una lista de exigencias.
El 1 de enero tiene algo de umbral. Aún queda en el aire lo vivido y, al mismo tiempo, se abre un espacio limpio para lo que viene. Desde el Feng Shui y las tradiciones populares que lo rodean, este primer día se entiende como un momento delicado: lo que hacemos en casa simboliza cómo queremos transitar el año. No se trata de creer a ciegas, sino de elegir con cuidado qué energía alimentamos en el hogar.
Una de las recomendaciones más repetidas es evitar barrer o limpiar a fondo el primer día del año. La idea simbólica es sencilla: al “arrastrar” o “barrer” se podría estar expulsando la buena fortuna recién llegada. Por eso, muchas guías sugieren dejar la limpieza profunda para antes del cambio de año y reservar el 1 de enero para habitar la casa con calma.
Relacionado con lo anterior, se aconseja no sacar la basura el 1 de enero, como gesto de no “tirar” lo valioso que acaba de entrar en el ciclo nuevo. Esta pauta aparece también en tradiciones de inicio de año vinculadas a la cultura china, donde se evita vaciar o desechar durante el primer día por su carga simbólica.
En algunas tradiciones asociadas al inicio del año, se recomienda no lavar ropa durante el primer día. Más allá de la explicación cultural específica que se menciona en celebraciones del año nuevo lunar, el sentido simbólico se repite: evitar “lavar” o “arrastrar” la prosperidad y el bienestar.
Otra recomendación habitual es reducir el uso de objetos cortantes (tijeras, cuchillos) como símbolo de no “cortar” el flujo de la buena energía, la armonía o la prosperidad. En la práctica, no significa no cocinar, sino evitar gestos innecesarios o precipitaciones en un día que se propone más suave.
El Feng Shui pone mucho énfasis en la cualidad del ambiente: lo que se dice y lo que se sostiene en el aire. Por eso se sugiere evitar discusiones, reproches o conversaciones que encienden la casa. No por superstición, sino porque el hogar recuerda. Y lo que hoy dejamos crecer, mañana vuelve con más facilidad.
Varias fuentes recogen la idea de no prestar dinero ni hacer ciertos movimientos económicos el primer día del año, por la lectura simbólica de “dejar salir” la abundancia. Si necesitamos hacerlo, no pasa nada: la propuesta, en clave Feng Shui, es actuar con intención y sin ansiedad, cuidando el tono emocional que ponemos a esas decisiones.
Si queremos llevar estas recomendaciones al terreno cotidiano, podemos quedarnos con lo esencial. El 1 de enero no pide perfección, pide presencia. Ventilar, recoger lo imprescindible, preparar algo sencillo, encender una luz cálida al caer la tarde. Elegir palabras más lentas. Hacer sitio, sin vaciarnos.
Porque, al final, el Feng Shui no habla solo de reglas. Habla del vínculo con el espacio que nos sostiene. Y en ese primer día del año, el hogar puede ser exactamente eso: un refugio que nos ayuda a empezar.
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