A veces el frío en casa es una señal de que la energía necesita atención, cuidado y presencia.
Hay casas que, incluso bien calefactadas, se sienten frías. Un frío que no se explica solo por la temperatura, sino por la forma en la que el espacio se habita y se cuida. Según el Feng Shui, esta sensación es una llamada de atención: la energía del hogar se ha debilitado y pide equilibrio para volver a acompañarnos.
Desde el Feng Shui, el hogar es un organismo vivo. Cuando una casa se percibe fría, suele indicar una energía dispersa, estancada o insuficientemente contenida. Este desequilibrio puede generar incomodidad, cansancio o una sensación constante de no terminar de descansar. Escuchar esa percepción es el primer paso para transformarla.
La luz natural es una de las principales fuentes de energía vital. Una casa oscura, con persianas bajadas o cortinas cerradas durante el día, tiende a enfriarse a nivel energético. Abrir ventanas, despejar cristales y permitir que la luz entre, aunque sea de forma suave, ayuda a activar el espacio y a devolverle calidez.
El desorden y la acumulación dificultan el movimiento de la energía. Rincones llenos de objetos, armarios saturados o estancias poco utilizadas generan estancamiento, que muchas veces se percibe como frío emocional. Revisar, simplificar y dar espacio es una forma directa de devolver ligereza y bienestar al hogar.
Los materiales hablan. Superficies excesivamente duras, frías o artificiales refuerzan la sensación de distancia. El Feng Shui recomienda introducir materiales naturales que aporten textura y presencia: madera, cerámica, fibras vegetales, lana o algodón. No es una cuestión estética, sino sensorial.
Una paleta dominada por blancos muy puros o grises fríos puede intensificar la sensación de frialdad si no se equilibra bien. Tonos tierra, arenas, ocres suaves o blancos cálidos ayudan a sostener el espacio y a crear una atmósfera más acogedora. El color no invade, acompaña.
Habitaciones cerradas durante largos periodos, rincones sin uso o zonas olvidadas pierden energía. Para el Feng Shui, una casa se calienta cuando se vive. Abrir puertas, mover el aire, encender una lámpara al atardecer o sentarse en un rincón poco usado reactiva el flujo energético y devuelve vitalidad al conjunto.
Pequeños gestos generan grandes cambios. Textiles agradables al tacto, una alfombra que invite a caminar descalzo, una manta sobre el sofá o una luz cálida al final del día ayudan a crear sensación de refugio. El calor también nace de lo que nos acompaña en lo cotidiano.
El frío en casa, según el Feng Shui, no es algo que deba combatirse, sino comprenderse. Es una invitación a mirar el hogar con más atención, a habitarlo con conciencia y a devolverle su función esencial: ser un lugar que acoge, sostiene y cuida a quienes viven en él. Cuando la energía se equilibra, la casa vuelve a abrazar.
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