Guía sencilla para cuidar la flor de Pascua después de las fiestas.
Después de Navidad, cuando las luces empiezan a apagarse y la casa vuelve poco a poco a su ritmo habitual, surge una pregunta recurrente: qué hacer con la flor de Pascua. Muchas personas dudan si hay que tirarla, cómo cuidarla o si es posible conservarla más allá de las fiestas. La verdad es que la flor de Pascua no es una planta de usar y tirar. Entender su ciclo natural ayuda a acompañarla mejor y a tomar decisiones más conscientes.
La flor de Pascua (también conocida como poinsettia) es una planta estacional. Su color rojo intenso responde a un proceso natural ligado a las horas de luz. Cuando termina la Navidad, es normal que empiece a perder hojas o que estas se vuelvan verdes. Esto no significa que esté muriendo, sino que entra en una fase de reposo.
Tras Navidad, conviene moverla a un lugar:
El riego debe ser moderado. Es preferible regar solo cuando la tierra esté seca en la superficie. El exceso de agua es uno de los errores más comunes en esta etapa. Asegúrate de que la maceta drene bien y no quede agua acumulada en el plato.
Es habitual que, después de Navidad, la flor de Pascua pierda hojas. Si los tallos siguen verdes y firmes, la planta está viva. En este caso:
Sí, es posible conservarla, aunque requiere cierta constancia. A partir de primavera, se puede podar ligeramente y continuar con cuidados básicos. Para que vuelva a ponerse roja en el siguiente invierno, necesitará un control de luz y oscuridad a partir del otoño.
No es imprescindible lograrlo. A veces, simplemente acompañar la planta hasta donde llegue también es una forma de cuidado.
Si la planta se deteriora por completo, no hay que verlo como un fracaso. La flor de Pascua ha cumplido su función decorativa y simbólica durante las fiestas. Despedirse de ella forma parte de su ciclo. Algunas personas aprovechan este momento para:
Saber qué hacer con la flor de Pascua después de Navidad es, en el fondo, una forma de acompañar el final de las fiestas. Igual que recogemos adornos o bajamos el ritmo, la Pascua nos recuerda que todo tiene su tiempo.
Cuidarla, dejarla ir o intentar que vuelva a florecer son decisiones igual de válidas. Lo importante es hacerlo con atención, sin prisa y con respeto por el ciclo natural.
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