En el Feng Shui, cada elemento influye en la energía de un espacio.
El arte es mucho más que un objeto decorativo: es una forma de expresión íntima y personal. Un color, una fotografía, una pintura colgada en la pared hablan de quienes habitan una casa, de sus gustos y de sus recuerdos. Cada lienzo que se elige no solo inspira al propietario, también invita a los visitantes a comprender mejor la esencia de ese hogar.
Por eso escoger los cuadros adecuados no es una decisión menor, sino un gesto cargado de intención. El Feng Shui, la filosofía china milenaria que busca la armonía en los espacios, otorga a estas piezas un papel fundamental en el flujo del chi —la energía vital— dentro del hogar. A través de los colores, las formas y la ubicación, los cuadros son capaces de canalizar esa energía y transformarla en bienestar.
Los tonos que elegimos tienen una influencia directa sobre el ambiente. El Feng Shui, al igual que la psicología del color, sostiene que cada matiz provoca sensaciones distintas:
Más allá de las combinaciones cromáticas, lo importante es que los cuadros armonicen con la paleta del resto de la estancia, evitando choques que interrumpan el equilibrio.
La proporción es clave para mantener la armonía visual y energética. Un lienzo demasiado grande puede saturar una pared y descompensar el espacio, mientras que uno demasiado pequeño corre el riesgo de pasar desapercibido. El consejo del Feng Shui es simple: ajustar siempre el tamaño del cuadro a las dimensiones de la pared y a los elementos que lo rodean, para que todo dialogue con naturalidad.
Cada estancia tiene su propia energía y los cuadros deben adaptarse a ella:
Tan importante como el color o el tamaño es lo que la obra transmite. El Feng Shui aconseja evitar imágenes violentas, agresivas o excesivamente inquietantes. En cambio, recomienda optar por escenas naturales, motivos abstractos serenos o símbolos cargados de significado positivo, como el yin y el yang o el dragón, ambos asociados a la buena fortuna.
Por encima de todas las normas, lo esencial es que el cuadro elegido genere una conexión emocional con quien lo contempla. Si una obra transmite alegría, paz o inspiración, entonces es la adecuada. Fotografías personales, recuerdos de viajes o piezas que evocan momentos felices tienen el poder de impregnar la casa de una energía auténtica y armónica.
En definitiva, el arte en casa no es solo un complemento estético, es un lenguaje silencioso que influye en cómo vivimos y sentimos cada espacio. A través del Feng Shui, elegir y ubicar los cuadros con intención puede transformar las paredes en auténticos aliados del bienestar y la armonía.
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