Algunos objetos pueden bloquear la energía en casa según el Feng Shui
El Feng Shui nos recuerda que la energía de una casa no depende solo de su distribución o de la luz que entra por las ventanas. También está profundamente ligada a los objetos que conservamos. Algunos, aunque pasen desapercibidos, interrumpen el equilibrio del hogar y generan una sensación de peso difícil de explicar. Identificarlos y retirarlos a tiempo es una forma sencilla de devolver fluidez y calma a los espacios que habitamos.
Desde el Feng Shui, los objetos no son neutros. Cada uno ocupa un lugar, tiene una función y guarda una carga simbólica y emocional. Cuando algo deja de servir, está roto o ya no conecta con quien vive la casa, la energía se estanca. No se trata de superstición, sino de observar cómo nos hace sentir un espacio y qué elementos contribuyen -o no- a esa sensación de bienestar.
Elementos que no funcionan correctamente, están agrietados o muestran desgaste evidente generan una sensación constante de descuido. Una lámpara que no enciende bien, una silla inestable o un marco roto interrumpen el flujo natural de la casa. Repararlos o retirarlos es uno de los gestos más directos para recuperar equilibrio.
Cuadros que ya no miramos, objetos comprados por impulso o piezas que ya no representan a quien somos hoy ocupan espacio físico y emocional. El Feng Shui invita a rodearnos de elementos que tengan sentido, que aporten calma o despierten una emoción positiva. Lo que no suma, resta.
Armarios llenos de prendas que no usamos, mantas guardadas sin sentido o ropa deteriorada bloquean la energía, especialmente en dormitorios y zonas de descanso. Los textiles están en contacto directo con el cuerpo y el descanso, por lo que conviene que estén en buen estado y se usen con frecuencia.
Hay piezas que conservamos por compromiso, no por elección. Regalos que no nos gustan, herencias que generan incomodidad o recuerdos asociados a etapas cerradas pueden cargar el ambiente sin que lo notemos. Agradecer lo que representaron y dejarlos ir es un acto de cuidado hacia el presente.
Entradas, pasillos y puertas deben permitir que la energía circule. Zapatos a la vista, cajas, bolsas o muebles innecesarios en estas zonas generan sensación de bloqueo y cansancio. Mantener los recorridos despejados mejora no solo la energía, sino también la forma en la que nos movemos por la casa.
Cosas que no usamos, pero tampoco soltamos, crean una energía de espera constante. El Feng Shui propone vivir el hogar en el presente, no como un almacén de futuros hipotéticos. Revisar estos objetos libera espacio y claridad mental.
Los cambios de estación, especialmente el final del invierno y la llegada de la primavera, son momentos ideales para revisar lo que nos rodea. No hace falta hacerlo todo de una vez. Basta con observar una estancia, escuchar cómo se siente y actuar con honestidad.
Cuando los objetos que bloquean la energía desaparecen, la casa se vuelve más ligera. Circula mejor la luz, el orden se mantiene con menos esfuerzo y el ambiente se siente más acogedor. El hogar recupera su función esencial: acompañar y sostener a quienes lo habitan.
Soltar no es perder. Es dejar espacio para que la energía vuelva a moverse con naturalidad. Y, muchas veces, ese gesto sencillo es suficiente para que la casa vuelva a sentirse como un verdadero refugio.
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