Nicolás García y Carlos Martínez, fundadores de Eleven People. Créditos: Silvia Foz
El perfume del hogar habla de nosotros tanto como los objetos que elegimos o los colores con los que vestimos cada estancia. Una fragancia bien escogida puede convertir un espacio en refugio, en lugar de encuentro o en rincón de calma. Pero, como señalan los expertos en aromas Nicolás García y Carlos Martínez, de Eleven People, “los espacios grandes aguantan aromas más intensos, mientras que los pequeños requieren aromas suaves”.
La reflexión es sencilla y a la vez reveladora: no todos los espacios respiran igual. La amplitud, la función y hasta los materiales influyen en cómo percibimos un aroma. Por eso, elegir el perfume adecuado para cada estancia es un gesto que va más allá del gusto personal. Se trata de acompañar la atmósfera, de armonizar con el espacio y de realzar la experiencia de habitarlo.
“Elegir un perfume para la casa es tan personal como elegir un aroma para uno mismo”, recuerdan desde Eleven People. No basta con que huela bien: debe resonar con tu espacio, con tu persona y con el momento que atraviesas. Para conseguirlo, conviene tener en cuenta distintos factores:
En un salón, donde las reuniones se alargan y la vida cotidiana se expande, los aromas más potentes encuentran su lugar. Aquí funcionan bien las notas amaderadas, especiadas o con toques de incienso. Perfumes con carácter, capaces de llenar un espacio amplio sin desvanecerse enseguida.
Un ejemplo: un difusor de cardamomo y oud en una estantería alta o una vela con matices de sándalo encendida al atardecer. Estos aromas no solo aportan calidez, también refuerzan la sensación de hogar compartido.
En contraste, el dormitorio pide calma y sutileza. Aromas suaves, casi etéreos, que acompañen al descanso sin interrumpirlo. Aquí es donde brillan notas como la lavanda, el algodón, el lino fresco o el almizcle ligero. No se trata de llenar el aire, sino de susurrar al cuerpo y a la mente que ha llegado el momento de relajarse.
A menudo olvidados, los pasillos y entradas marcan la primera impresión. Son lugares de tránsito, y por eso conviene elegir aromas frescos y ligeros: cítricos, hierbas mediterráneas como el romero o la albahaca, o flores suaves como el jazmín. Aquí, la clave es la discreción. Un gesto que marca la diferencia al llegar a casa y sentir que el aire ya transmite calma.
La cocina es un espacio vivo, lleno de aromas propios de la comida. Por eso, en lugar de intentar cubrirlos, conviene elegir perfumes que refresquen y renueven. Cítricos, menta o hierbas verdes ayudan a limpiar la atmósfera después de cocinar.
En el baño, donde buscamos sensación de limpieza y bienestar, funcionan fragancias acuáticas, florales suaves o toques de eucalipto. Aquí, la intensidad debe ser breve y renovable, más cercana a un soplo fresco que a un perfume envolvente.
Pero el verdadero secreto no está solo en elegir la fragancia adecuada, sino en cómo la integramos en nuestra rutina. “Un perfume no debería ser algo que se coloca de golpe y se olvida, sino una presencia que acompaña y se adapta a los momentos de la casa”, confiesan Nico y Carlos. De ahí la importancia de convertir los aromas en pequeños rituales cotidianos:
Para ellos, no se trata de llenar el aire, sino de acompañarlo con gestos conscientes que aporten calma, energía o calidez según el momento. En esa delicadeza está el verdadero arte de perfumar el hogar.
Detrás de esta visión se encuentra Eleven People, un estudio de fabricación y diseño de productos de aromatización creado en 2019 en Asturias. Desde sus inicios, Nicolás y Carlos han buscado inspiración en los lugares que han recorrido, en las personas que les han marcado y en la memoria olfativa que esos encuentros despiertan.
Cada uno de sus perfumes cuenta una historia, y todos comparten un mismo compromiso: minimizar el impacto medioambiental, demostrando que la elegancia y la conciencia ecológica pueden convivir en un mismo frasco.
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