Nicolás García y Carlos Martínez, fundadores de Eleven People. Créditos: Silvia Foz
El perfume del hogar no es un simple detalle decorativo: acompaña, envuelve y transforma la manera en que habitamos los espacios. Y, como sucede con la luz o los tejidos, los aromas también se adaptan a las estaciones. Durante el invierno, cuando los días se acortan y buscamos más refugio en casa, las fragancias se vuelven esenciales para aportar calor, intimidad y equilibrio emocional.
Como explican Nicolás García y Carlos Martínez, fundadores de Eleven People, “en Navidad buscamos fragancias que envuelvan el hogar de calidez”. No se trata de saturar el ambiente, sino de elegir las notas que mejor acompañan al hogar en diciembre y que, además, influyen positivamente en nuestro estado de ánimo.
Los aromas de invierno son una invitación a recogerse, a encontrar cobijo en lo cotidiano y a reconectar con lo esencial. Y en Navidad, ese poder se multiplica. Los perfumes no solo perfuman, evocan recuerdos, nos envuelven en serenidad y convierten la casa en el refugio donde todo sucede.
Para equilibrar la intensidad de estas fragancias, los expertos recomiendan incorporar siempre un matiz fresco —cítricos suaves o hierbas mediterráneas— que evite la pesadez y aporte ligereza.
¿Puede un aroma transformar cómo nos sentimos en los meses fríos? “Sin duda”, responden desde Eleven People. Y añaden: “Los aromas tienen la capacidad de acompañar nuestros estados vitales, de dar calidez cuando la necesitamos o energía cuando nos falta”. Los perfumes actúan como un hilo invisible entre el entorno y las emociones:
En Navidad, perfumar la casa puede convertirse en un gesto ritual. Encender una vela de sándalo al caer la tarde, difundir un perfume de vainilla o ámbar tras cocinar o colocar un mikado especiado en la entrada son pequeños actos que elevan el día a día. “Cada estación tiene su lenguaje aromático, y adaptarnos a él nos ayuda a sentir que el hogar acompaña nuestro ritmo vital”, explican desde Eleven People.
Y a medida que llega el frío, los aromas adquieren un papel aún más especial: la canela que evoca galletas de Navidad recién horneadas, el clavo y la nuez moscada que nos transportan a sobremesas familiares, o la vainilla que llena de calidez las tardes de invierno. En esas fragancias que permanecen en el aire está la esencia de la temporada. Un hogar habitado por la calma, la memoria y la luz más suave del año.
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