Limpiar bien no es hacerlo más, sino hacerlo mejor.
Durante años hemos repetido los mismos gestos de limpieza casi sin pensar en ellos: cómo guardamos la fregona, qué hacemos con la ropa o cuántas bolsas acumulamos “por si acaso”. Muchos de estos hábitos, según la experta en limpieza Lucía Lipperheide (@homes.styles), no son más que rutinas heredadas. “Limpiar bien no es limpiar más, es entender lo que haces y por qué lo haces”, explica en uno de sus virales posts de Instagram, donde comparte consejos reales para una limpieza más consciente y eficaz.
Lipperheide defiende una idea clara: limpiar no debería ser sinónimo de gastar tiempo o energía de más, sino de hacerlo con lógica y sentido común. En su serie “Errores de limpieza heredados”, reúne diez costumbres que conviene revisar.
Uno de los errores más comunes, según Lucía Lipperheide, es fregar toda la casa con el mismo cubo de agua. “Así lo único que haces es repartir la suciedad por toda la casa”, explica. La clave está en cambiar el agua con frecuencia y mantener limpio el cubo: “Cubo limpio, suelo limpio y olerá a limpio de verdad, no a ‘perfumado’”.
“Empieza con un cable y acaba con media ferretería”, dice Lipperheide con ironía. Acumular objetos que no usamos solo crea ruido visual y ocupa espacio. “Si no lo has usado en un año, no lo necesitas”, afirma.
“Ni limpia ni sucia: la categoría ‘pendiente de decidir’ no existe”, bromea Lucía. Acumular prendas en una silla resta orden visual y mental. Su consejo es claro: “Dóblala o lávala. Tu habitación te lo agradecerá y tu cabeza también”.
Papeles, caramelos o auriculares… “Lo que se olvida en un bolsillo nunca sale bien parado”, advierte. Revisar la ropa antes de meterla en la lavadora ahorra disgustos (y alguna lavadora estropeada).
“Ese olor a humedad no es la ropa, es la goma del tambor”, explica. Dejar la puerta abierta permite que el interior se seque bien: “Déjala abierta y seca la junta. Adiós olor a cerrado”.
Para Lipperheide, este es uno de los errores más comunes. “Si la escoba parece un erizo o la fregona huele, no limpian”, dice con humor. La solución: “Acláralas y desinféctalas. Limpian mejor y duran más”.
“A saber por cuántas manos, cajas y estanterías ha pasado”, comenta. Un lavado rápido antes del primer uso elimina restos de polvo o químicos textiles. “Solo entonces está limpia de verdad”, puntualiza.
“Lo haces ‘para aprovechar’… hasta que abres el armario y parece la sede del supermercado”, escribe. Su propuesta: “Quédate con cinco y recicla el resto”. Un gesto simple que devuelve orden al lavadero o a la cocina.
“Cuanto más esperas, más se fija”, recuerda la experta. La mejor estrategia es actuar en el momento: “Ataca al instante y se quita sin esfuerzo”.
Aquí, Lipperheide no se anda con rodeos: “Ahí dentro no se seca, se cuece”. Recomienda colocarla “boca arriba y con ventilación” para evitar olores y alargar su vida útil.
En definitiva, los consejos de Lucía Lipperheide nos recuerdan que la limpieza no es solo una tarea doméstica, sino una forma de cuidar el entorno en el que vivimos —y, en cierto modo, de cuidarnos a nosotros mismos—. “Guárdalo, seguro que haces más de uno”, dice con complicidad. Porque limpiar bien empieza por limpiar con conciencia.
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