Calma, sencillez y orden, un salón en plena sintonía con la filosofía kanso
En Japón, la estética no es solo cuestión de belleza: es un modo de vida que se refleja en la forma de habitar los espacios. Entre las siete reglas del wabi-sabi —esa visión que celebra la imperfección y la naturalidad— se encuentra el kanso, una filosofía que, al igual que el feng shui chino, busca el equilibrio y la armonía en el hogar.
Más que un estilo decorativo, el kanso es una manera de mirar: invita a despojarse de lo superfluo, a elegir lo esencial y a construir ambientes donde la calma fluya de manera natural.
Aunque el feng shui y el kanso tienen raíces culturales distintas, ambos comparten una visión común: el hogar como espacio de equilibrio. El feng shui trabaja la disposición de muebles y elementos según las energías vitales, mientras que el kanso se centra en la sencillez y en eliminar el exceso.
En ambos casos, la intención es la misma: crear una atmósfera que favorezca el bienestar, la serenidad y el orden interior.
Similar a la decoración japonesa, kanso puede resumirse en una idea: menos es más, pero con sentido. Estos son algunos de sus principios clave:
Adoptar esta filosofía no es solo una cuestión estética, también es emocional:
En definitiva, el kanso convierte la casa en un refugio donde la calma y la autenticidad son protagonistas.
Más allá de la decoración, el kanso es también una actitud. Significa aprender a valorar lo esencial, desprenderse de lo innecesario y dar espacio a lo que realmente importa. Encender una vela, abrir las ventanas para dejar entrar la luz o elegir un objeto que tenga un valor personal son gestos kanso que transforman lo cotidiano en ritual.
En un mundo donde el ruido y la prisa marcan el ritmo, el kanso nos invita a volver a lo esencial. Igual que el feng shui, nos recuerda que la forma en que organizamos la casa refleja cómo habitamos la vida. Una invitación a elegir lo simple, lo natural y lo sereno como camino hacia un hogar más humano y equilibrado.
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