El baño puede ser un refugio o un punto de fuga de energía.
El baño es uno de los lugares más íntimos del hogar. Es donde comienza y termina el día, donde el cuerpo se limpia y la mente se despeja. Según el Feng Shui, sin embargo, también es un punto sensible: el agua, símbolo de energía vital, puede fluir y perderse si el espacio no está equilibrado.
La buena noticia es que, con unos pocos gestos, es posible convertir el baño en un lugar de purificación, serenidad y energía renovada.
El principio básico es el equilibrio. El baño debe ser un espacio limpio, ordenado y bien ventilado, donde el agua —elemento central— fluya sin estancarse ni desperdiciarse. Cada objeto, color o material debe contribuir a mantener la armonía.
El color es energía, y su elección define el tipo de atmósfera que respira el baño. El Feng Shui recomienda tonos que evoquen pureza y calma, pero también equilibrio entre los elementos.
Evita los colores oscuros o fríos como el negro, gris antracita o azul muy intenso, que pueden generar sensación de pesadez o bloquear la energía.
El Feng Shui se basa en cinco elementos —agua, fuego, tierra, madera y metal— que deben convivir en armonía para mantener el flujo energético.
Las plantas son símbolo de crecimiento y renovación. Purifican el aire y aportan energía viva al espacio. Elige especies que soporten la humedad y la luz indirecta:
Evita las plantas secas o artificiales: el Feng Shui valora la vida real y el movimiento natural.
Menos es más. Cada objeto debe tener una función o transmitir serenidad. Opta por líneas suaves, materiales naturales y texturas agradables al tacto.
El Feng Shui busca que el baño no robe energía, sino que la depure. Su función no es solo práctica, sino simbólica: representa la renovación constante.
Según el Feng Shui, el baño nunca debería estar frente a la puerta principal ni en el centro de la vivienda, ya que ambos lugares son zonas clave para la entrada y circulación de energía. Si no es posible cambiar su ubicación, puedes armonizarlo:
Aplicar el Feng Shui en el baño no se trata solo de estética, sino de intención. De cuidar la energía tanto como cuidamos el cuerpo. Cada gesto —cerrar la puerta, ventilar, encender una vela, colocar una planta— se convierte en una forma de ordenar también el interior.
El baño deja de ser un espacio funcional para convertirse en un lugar de purificación, silencio y descanso visual. Un recordatorio de que el bienestar empieza en los detalles que apenas se notan, pero se sienten cada día.
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