Elegir dónde colocar el árbol de Navidad es uno de esos gestos que marcan el inicio del invierno.
Colocar el árbol de Navidad es uno de esos rituales que marcan el inicio de diciembre: un gesto que transforma la casa, que enciende la ilusión y que devuelve a cada estancia una luz especial. Elegir el lugar adecuado no solo tiene que ver con la estética; también influye en cómo vivimos las fiestas y en cómo fluye el espacio durante esos días.
Por eso, antes de montar el árbol, vale la pena detenerse un momento y pensar qué rincón puede acogerlo con más sentido. A continuación, te contamos cuáles son los mejores lugares para colocar el árbol de Navidad en casa, cómo integrarlo según el tamaño de tu hogar y qué tener en cuenta para que conviva con la decoración sin restar comodidad.
Situar el árbol junto a una ventana o un ventanal es una de las opciones más agradecidas. La luz natural acentúa los tonos verdes y la calidez de las luces, y desde el exterior también regala una estampa acogedora. Es perfecto si tienes un salón luminoso o un comedor que recibe sol durante el día.
Un consejo: evita ponerlo justo delante del paso de la ventana para no bloquear corrientes de aire ni accesos al balcón o terraza.
El salón suele ser el corazón de la Navidad, por lo que colocar el árbol aquí es casi siempre un acierto. Puedes situarlo en una esquina despejada, apoyado en una pared o junto a un mueble bajo que no le reste protagonismo. Busca un lugar donde se vea desde varios ángulos, pero que no interfiera con el paso ni con la rutina diaria. La clave está en que el árbol destaque sin entorpecer.
Si tienes un recibidor con suficiente amplitud —aunque no sea demasiado grande— colocar el árbol allí puede convertir cada entrada en un instante especial. Una luz tenue, una alfombra suave y algunos adornos naturales completan un ambiente que invita a la calma. Es una opción hermosa para quienes quieren repartir la decoración navideña por distintas zonas de la casa.
Para muchas familias, el comedor es el epicentro de las celebraciones. Si este es tu caso, colocar el árbol cerca de la mesa o en un rincón visible puede sumar calidez a esas comidas largas y conversaciones que se alargan sin prisa. Eso sí, procura dejar suficiente espacio para moverte con comodidad alrededor de la mesa.
En pisos pequeños, el reto está en elegir un árbol proporcionado. Un diseño esbelto, un árbol medio o incluso uno de sobremesa puede funcionar muy bien. Lo esencial es que no invada el paso ni genere una sensación de desorden visual.
Más allá de la estética, también conviene atender a la funcionalidad:
Estos pequeños gestos alargarán la vida del árbol y harán más cómoda la Navidad.
El árbol gana presencia cuando está bien enmarcado. Una alfombra suave, unas luces cálidas o una cesta natural para cubrir la base aportan equilibrio visual y un punto de serenidad muy propio de los interiores mediterráneos. La clave está en que todo respire con armonía.
Más allá de normas o tendencias, el árbol de Navidad debe ocupar el rincón que más disfrutes: ese donde lo veas al despertar, donde se reúnan todos al final del día o donde la casa se sienta más viva. Cuando encuentra su sitio, el árbol no solo decora; acompaña, ilumina y recuerda lo que nos importa en estas fechas.
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