Cultura

“Creo una pieza y luego la destruyo”: Sasha Knezevic explica su visión del arte como renacimiento constante

Si alguna vez has arrancado un cartel de una pared —con esa mezcla de satisfacción y culpa por llevarte un pedazo de historia urbana—, entenderás bien la esencia de Sasha Knezevic. Su obra es un diálogo entre lo efímero y lo permanente, entre lo que se destruye y lo que renace en una nueva forma. Con el arte digital avanzando a toda velocidad, Knezevic trabaja con papel, pegamento y pintura acrílica como un alquimista moderno, rescatando fragmentos del pasado para transformarlos en piezas únicas.

De origen serbio, es un artista de contrastes. Su trayectoria lo ha llevado por caminos diversos: es un rostro reconocido en la moda, donde sigue trabajando como modelo internacional, y al mismo tiempo un creador obsesionado con el collage como forma de expresión. Su carrera lo ha hecho moverse entre grandes campañas publicitarias y su estudio de arte, donde las imágenes ya no son estáticas ni responden a un concepto comercial, sino que se transforman, se rompen y se reconstruyen en un lenguaje propio.

El modelo Sasha Knezevic con sus dos pasiones: la moda y el arte

El arte como un proceso sin fin

Sasha Knezevic no concibe la creatividad como un acto con un principio y un final, sino como un juego en continuo movimiento. «El proceso de ser creativo es el arte. No me preocupo por el resultado y no distingo entre cuando una obra está en proceso o terminada. Es una actitud, un constante proceso de cambio y transformación», explica.

Su método es visceral, intuitivo. Empieza componiendo con recortes de carteles callejeros, revistas y dibujos propios, dejando que el azar y la composición encuentren su propio equilibrio. Luego, como si la obra tuviera que pasar por un ritual de renacimiento, la descompone y la vuelve a armar desde cero. “Creo una pieza y me expreso en ese momento. Luego la destrozo y la reconstruyo de nuevo”, dice Knezevic. Un recordatorio de que todo lo que nos rodea, incluido el arte, está en constante evolución.

Sasha Knezevic en una de sus exposiciones

Una relación que llegó por sorpresa

El arte de Knezevic no sigue reglas establecidas, y lo mismo puede decirse de su carrera. Su historia con Kave Home empezó de manera inesperada, casi como sus propias creaciones. “Fue un encuentro espontáneo. Estaba trabajando como modelo para su campaña y hablamos sobre arte y mi nueva serie abstracta. Les gustó y la energía era la adecuada. Así empezó la colaboración”, cuenta.

Para él, no hay fronteras entre disciplinas creativas: el arte, la arquitectura, el diseño y la moda son diferentes maneras de jugar con la energía de los espacios. Y precisamente por eso, sus obras se integran con naturalidad en cualquier ambiente, aportando carácter sin necesidad de encasillarse en un solo estilo. Ya sea sobre una pared de hormigón en un loft industrial o enmarcadas sobre una cálida pared de tonos neutros, las piezas de Knezevic invitan a reinterpretar la decoración.

El artista, que encuentra inspiración en los viajes más que en un lugar concreto, no se limita a un solo concepto. “He estado deconstruyendo publicidad durante años. Ahora es el momento de hacer lo mismo con mis propias creaciones”, afirma. Esa mirada crítica hacia la imagen y su significado es lo que convierte sus collages en una apuesta sofisticada para quienes buscan algo más que una simple obra decorativa.

Un punto de abstracción en tu salón

Si buscas que tu salón hable un lenguaje propio, lejos de las fórmulas repetitivas, la obra de Sasha Knezevic es la pieza que falta en el puzzle. Sus collages son fragmentos de historias pasadas que renacen con una nueva identidad. Una invitación a repensar lo que consideramos terminado, a abrazar la imperfección y a convertir el espacio en un reflejo de la creatividad en su estado más puro.

Aleks Gallardo

Periodista gallego afincado en Madrid, a Aleks le gusta escribir sobre interiorismo, diseño, viajes o cualquier tesoro escondido que caiga en su radar. Licenciado por la Universidad Complutense de Madrid, el edificio brutalista de su facultad quizá tuvo algo que ver con su pasión por la arquitectura y todo lo que rodea esta disciplina. Comenzó su camino profesional como storyteller en diferentes agencias de comunicación para después lanzarse al mundo editorial en algunas de las cabeceras más importantes del sector como AD España, Arquitectura y Diseño, o Manera Magazine, con las que lleva colaborando más de 8 años.

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