Guía práctica con ingredientes caseros y consejos de organización.
La nevera trabaja sin descanso: día y noche regula la temperatura, conserva alimentos y retiene humedad. Con el tiempo, los restos de comida, los líquidos derramados o el aire cerrado generan bacterias y moho que provocan malos olores.
Más allá del aspecto visual, una buena limpieza previene la contaminación cruzada y ayuda a conservar los alimentos en mejor estado. Además, un interior ordenado y fresco hace que todo se sienta más ligera y que cocinar resulte mucho más agradable.
Lo aconsejable es hacer una limpieza ligera de la nevera cada semana (revisar y desechar lo que no sirve) y una profunda cada mes (vaciar, lavar y desinfectar por completo). A continuación, te explicamos cómo hacerlo, paso a paso.
Antes de empezar, apágala y desenchúfala. Saca todos los alimentos y colócalos en una nevera portátil o una bolsa térmica para mantenerlos fríos. Aprovecha para revisar fechas de caducidad y desechar lo que ya no está en buen estado.
Saca todas las piezas desmontables. Lávalas con agua tibia y jabón neutro, utilizando una esponja suave. Si hay restos difíciles, déjalas en remojo unos minutos con una mezcla de agua caliente y vinagre blanco.
Prepara una mezcla con:
Pasa un paño suave humedecido con esta solución por todas las paredes, estantes y juntas. Este limpiador casero neutraliza olores, elimina bacterias y deja una sensación de frescor natural sin residuos químicos.
Seca todo con un paño limpio y deja la puerta abierta durante unos minutos antes de volver a enchufarla. El aire fresco terminará de eliminar cualquier rastro de humedad.
Las juntas de las puertas acumulan más suciedad de la que imaginamos. Puedes frotarlas con un cepillo de dientes viejo y la misma mezcla de bicarbonato y agua.
En el exterior, bastará con un paño húmedo y unas gotas de jabón neutro. Si el acabado es de acero inoxidable, puedes aplicar un poco de vinagre diluido para devolverle el brillo sin dejar marcas.
Aunque esté limpia, a veces conserva un olor persistente. Para neutralizarlo, puedes recurrir a remedios naturales y sostenibles. Recuerda cambia estos ingredientes cada dos o tres semanas para mantener el efecto.
Una buena limpieza se mantiene más tiempo si el interior del frigorífico está bien organizado. Además de una cuestión estética, el orden influye directamente en la conservación de los alimentos y en la sensación de bienestar al abrir la puerta. Estos pequeños hábitos te ayudarán a prolongar la limpieza y reducen el desperdicio:
Mantener la nevera fresca no requiere esfuerzo, solo atención y constancia.
La nevera guarda más que comida: conserva rutinas, sabores, recuerdos. Su limpieza y orden reflejan cómo vivimos el hogar. Dedicarle unos minutos de cuidado no es solo una tarea práctica, sino un gesto de bienestar y equilibrio.
Abrir la puerta y sentir frescor, luz y orden es también una forma de respirar mejor en casa, de reconectar con lo cotidiano y de cuidar lo esencial.
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