Un electrodoméstico esencial en casa que también necesita cuidados para rendir al máximo.
Es probable que la lavadora sea uno de los electrodomésticos más usados en el hogar, pero también uno de los más olvidados en su mantenimiento. Aunque su función principal es lavar, también requiere atención para garantizar que funcione correctamente y cuide la ropa que pasa por su tambor.
Con el tiempo, la acumulación de detergente, humedad y moho no solo reduce la eficiencia, también genera malos olores y puede afectar a la higiene de la colada. Un estudio publicado en la National Library of Medicine (NIH) en 2019 demostró que las lavadoras domésticas pueden albergar bacterias procedentes de las prendas, especialmente si no se limpian con regularidad. Por eso, más allá de la estética, limpiar la lavadora es también una cuestión de salud.
Según la OCU, lo recomendable es realizar una limpieza profunda unas cuatro veces al año. Aun así, conviene revisar periódicamente algunos elementos como la goma o el cajetín del detergente, que requieren más atención. La limpieza exterior, en cambio, es sencilla: basta con un paño húmedo y se puede hacer con más frecuencia.
Una limpieza eficaz debe abarcar todas las piezas principales: tambor, goma, cajetín del detergente y filtro. Estos son los pasos recomendados por los expertos.
Para limpiar el tambor no es necesario recurrir a químicos agresivos. El vinagre blanco y el bicarbonato de sodio forman un dúo perfecto: desinfectan, desodorizan y eliminan la cal incrustada. Solo hay que verter dos tazas de vinagre blanco en el tambor y media taza de bicarbonato en el cajetín.
Si aparecen manchas negras, casi siempre se trata de moho. Para eliminarlo, mezcla agua caliente, vinagre blanco y unas cucharadas de bicarbonato. Frota con un cepillo las ranuras de la goma, deja actuar 15 minutos y enjuaga con un paño limpio.
Mantener la lavadora en buen estado depende más de la constancia que de grandes esfuerzos. Gestos sencillos como dejar la puerta abierta tras cada uso, secar la goma con un paño limpio o programar un ciclo de agua caliente de vez en cuando ayudan a prevenir malos olores, prolongan la vida del electrodoméstico y aseguran una colada más higiénica.
Al igual que sucede con otros rincones del hogar, el cuidado invisible también habla de un espacio bien atendido: una casa que no solo luce bien, sino que se siente saludable.
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