La iluminación adecuada puede cambiar por completo la atmósfera de tu salón.
El salón es la estancia de la casa donde pasamos más tiempo y compartimos más momentos. Desde relajaros en el sofá después de una larga jornada, a reunirnos con familiares y amigos o leer un libro acurrucados en nuestra butaca favorita. Incluso, en ocasiones, llegamos a transformarlo en una oficina improvisada.
Por eso, contar con una buena iluminación pensada para cada actividad es fundamental para aprovechar al máximo un lugar tan versátil. Estos son los consejos que te dan nuestros interioristas para iluminar el salón y crear una atmósfera única que se adapte a ti en cada ocasión. Tan solo necesitas planificar bien los puntos de luz, controlar su tono e intensidad y crear un juego de sombras. Verás que cambio.
Lo primero que debes tener en cuenta es que no existe una regla única para combinar la iluminación general, con la ambiental y la focal. Para potenciar este efecto lumínico, puedes pintar las paredes con tonos claros y colocar espejos para reflejar la luz y ampliar visualmente el espacio. No olvides iluminar bien las zonas de paso con luces suaves para facilitar el tránsito.
Para un resultado de revista, nuestro equipo de interioristas te recomienda combinar distintos focos de luz y distribuir adecuadamente los puntos luminosos para evitar zonas oscuras. Así como colocar las lámparas estratégicamente -por ejemplo, no muy cerca del televisor- para evitar deslumbramientos.
La mejor opción para iluminar un salón es una luz cálida, indirecta y, si es posible, regulable. La temperatura de color recomendada oscila entre 2700K y 3000K en la escala Kelvin. Este tipo de luz resulta relajante y acogedora, ideal para momentos de descanso, lectura o para disfrutar de una buena serie. Además, también es perfecta para crear un ambiente agradable cuando recibes a familiares o amigos.
Para calcular de manera sencilla cuánta luz necesita tu salón, puedes guiarte por una regla básica si usas iluminación LED: se recomienda alrededor de 4 W por m². Por ejemplo, en una habitación de 3 m x 2,5 m (7,5 m²) serían necesarios aproximadamente 30 W en total.
En términos simples, lo más común es tener al menos 4 fuentes de iluminación en el salón. Esta combinación suele ser suficiente para crear una atmósfera equilibrada y funcional, distribuyendo luz general, focal y ambiental de manera efectiva.
En cuanto al tipo de iluminación, aunque las bombillas incandescentes tradicionales ofrecen una luz intensa, tienen una vida útil más corta y consumen más energía. Por eso, las luces LED son una alternativa más eficiente y duradera.
Para iluminar correctamente tu salón, es recomendable optar por 100 lúmenes por metro cuadrado. Así, si tu salón tiene 20 metros cuadrados, necesitarás un total de 2.000 lúmenes en conjunto. Por ejemplo, la luz principal del techo puede proporcionar alrededor de 730 lúmenes, lo que equivale a una bombilla tradicional de 60 vatios.
Por otro lado, las luminarias de retroiluminación indirecta, como los apliques o tiras LED, suelen generar entre 100 y 200 lúmenes cada una, lo que ayuda a crear un ambiente más suave y acogedor sin desentonar con la iluminación general.
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