El sofá es el eje del salón. No solo ocupa espacio físico, también define cómo nos reunimos, descansamos y compartimos el día. Elegirlo según los metros disponibles es un ejercicio de equilibrio: medir, observar y decidir con intención para que el conjunto respire.
Antes de fijarnos en la estética, conviene analizar el espacio real. Un sofá puede ser bonito, pero si no guarda proporción con la estancia, el salón pierde armonía. Los sofás de diseño no destacan por su tamaño, sino por su capacidad de integrarse con naturalidad en el entorno.
Salones pequeños (hasta 15 m²)
En salones reducidos de pisos pequeños, la ligereza visual es esencial. Recomendaciones:
- Sofás de dos plazas o modelos compactos.
- Patas visibles que eleven la estructura.
- Brazos estrechos para ganar superficie útil.
Es importante dejar al menos 70–80 cm de paso libre. Una mesa de centro ligera o incluso mesas auxiliares pueden sustituir a modelos voluminosos. Añadir alfombras que aportan calidez ayuda a delimitar la zona de estar sin recargar el ambiente.

Salones medianos (entre 15 y 25 m²)
Aquí se amplían las posibilidades. Un sofá de tres plazas o un modelo en L puede funcionar bien si se respeta la circulación. La clave está en medir la pared principal y evitar que el sofá ocupe más de dos tercios de su longitud.
La mesa de centro debe guardar proporción con el sofá: lo ideal es que tenga aproximadamente dos tercios de su largo y una altura similar al asiento. Y una alfombra amplia unifica el conjunto y aporta equilibrio visual.

Salones grandes (más de 25 m²)
En estancias amplias, el riesgo es que el sofá quede desproporcionado o aislado. Se pueden elegir sofás de mayor profundidad, composiciones modulares o incluso dos piezas enfrentadas. Esto permite crear una zona de conversación definida dentro del espacio.
La mesa de centro adquiere mayor presencia, y las alfombras que aportan calidez ayudan a estructurar el salón, evitando que el conjunto se perciba disperso.

Proporción y profundidad
No solo importa el largo del sofá, también su fondo. En salones estrechos, conviene optar por fondos moderados (85–95 cm). En espacios amplios, un sofá más profundo puede resultar más cómodo y equilibrado. Medir la distancia entre sofá y mesa de centro es fundamental: lo recomendable es dejar entre 40 y 45 cm para facilitar el movimiento.
Integrar el sofá en el conjunto
El sofá no funciona de manera aislada. Debe dialogar con la mesa de centro, la alfombra y el resto del mobiliario. Los sofás de diseño con líneas limpias encajan bien en interiores contemporáneos, mientras que modelos más envolventes aportan sensación de refugio.
Las alfombras que aportan calidez suavizan el conjunto, absorben sonido y delimitan la zona de estar, reforzando la sensación de hogar.
Elegir con intención
Más allá de la estética, el sofá perfecto es aquel que respeta los metros disponibles y mejora la forma en que vivimos el salón. Cuando las proporciones son adecuadas y cada elemento encuentra su lugar, el espacio se vuelve más habitable, más armónico y más nuestro.