Una columna puede parecer un límite, pero con creatividad se convierte en un aliado que redefine el espacio con intención y equilibrio.
Las columnas son ese invitado inesperado que aparece en mitad del salón y altera cualquier idea de espacio abierto. Surgen donde imaginábamos continuidad y, a primera vista, parecen interrumpir todos nuestros planes. Sin embargo, lejos de ser un obstáculo, pueden convertirse en una oportunidad.
Podemos disimularlas, integrarlas o transformarlas en un elemento arquitectónico lleno de intención. Aquí te dejamos ideas prácticas, creativas y fáciles de aplicar para que cualquier columna deje de restar y empiece a sumar armonía, estilo y funcionalidad a tu hogar.
La vegetación es una de las formas más naturales y efectivas de disimular un pilar. Puedes enredar hiedra (natural o artificial de buena calidad) alrededor, crear un fondo de alambre para que la planta crezca de forma controlada, o bien combinar la base con un gran macetero. En salones, una columna así resulta atrevida y aprovecha el espacio vertical de este elemento estructural con presencia.
Si no puedes ocultarla… conviértela en protagonista. Los azulejos, especialmente los mosaicos brillantes, tienen el poder de transformar una columna normal y corriente en un punto focal decorativo del salón. Para un acabado elegante, elige formatos estrechos para que la curva se vea más limpia y opta por tonos luminosos para multiplicar la luz. Este recurso funciona muy bien en salones modernos de esencia mediterránea.
El ladrillo es uno de esos materiales que integran casi cualquier elemento sin apenas esfuerzo. Revestir solo la columna hace que se funda con el entorno sin necesidad de tocar el resto del espacio. Puedes elegir un ladrillo rojizo de estilo clásico para un salón más cálido, o un ladrillo blanco para un acabado más suave y contemporáneo. Este truco decorativo encaja especialmente bien en hogares de estilo industrial.
Si el ladrillo no encaja con tu estilo, la piedra es una alternativa rústica, sobria y perfecta para salones amplios de casas de campo. Especialmente, con chimenea. Le da a la columna una presencia escultórica y una sensación de material noble que la convierte en una parte intrínseca del diseño.
Siguiendo la tendencia de la palillería, forrar la columna con listones verticales genera un efecto visual liviano que deja pasar la luz y crea un juego de sombras muy agradable. Funciona especialmente bien si tu objetivo es disimular la columna sin añadir mucho volumen. Te ayudará, además, a modernizar un salón de estilo neutro.
Y si tienes más detalles de madera en el espacio (muebles, panelados, accesorios), la combinación será espectacular.
En salones industriales o contemporáneos, dejar la columna en acero (o pintarla con un acabado metalizado) puede ser más que suficiente para integrarla en la decoración. El secreto: asumirla como parte de la estética del salón. Si te parece demasiado fría, un simple cambio de pintura puede ayudarte a suavizarla sin perder carácter.
Sin duda, la madera hace que cualquier elemento resulte más amable. Puedes usarla en lamas anchas para un estilo más rústico, o en tableros lisos para una apariencia más nórdica y minimalista. Y, si además repites la misma madera en otras zonas del salón, el conjunto se verá muy cohesionado.
Este año, la inspiración clásica ha vuelto con fuerza; por eso, una columna revestida de piedra tallada o molduras es capaz de convertirse en una pieza fundamental en la decoración para dotar de sofisticación el salón. Eso sí: funciona mejor si el resto del salón es sencillo, para no sobrecargar.
Dos columnas cercanas pueden transformarse en una mesa consola integrada, perfecta para apoyar lámparas, decoración o incluso crear un pequeño recibidor si el salón está junto a la entrada. Aprovecha la profundidad entre ambas y “ocúpala” con una función útil.
Quizá la solución más práctica y habitual de todos los interioristas es convertir la columna en uno de los lados de una estantería o incluso rodearla con baldas. Pero aunque sea común, no pierde valor: puedes crear estantes entre columna y pared, integrarla en una estantería a medida o bien usar la columna como “separador” visual entre dos zonas del salón. De repente la columna deja de estorbar y pasa a tener un propósito.
Si la columna está cerca de un muro, puedes diseñar un mueble a medida que la envuelva parcialmente, creando almacenamiento extra sin invadir el espacio. Un armario, una vitrina, un módulo bajo con baldas superiores… un abanico de opciones.
La otra forma de cambiar la percepción de la columna es usarla como pieza expositiva, colgando arte a su alrededor, creando una instalación de esculturas, colocando plantas trepadoras decorativas, incluso usándola para colocar iluminación empotrada. De este modo, la columna deja de ser un mero “defecto” a convertirse en un lienzo en blanco listo para ser explorado.
Si la columna de tu salón muy alta y solitaria, puedes equilibrar su presencia con plantas altas a su lado, lámparas de techo colgantes que atraigan la mirada hacia arriba, o un toque de color que la convierta en un acento decorativo. Un truco: si no puedes esconderla… dale un color espectacular. Azules, verdes, terracotas, tonos pastel, un neutro diferente o incluso un negro mate pueden cambiar por completo la percepción del espacio.
Por último, el sueño de cualquier sumiller: aprovechar un lateral de la columna para colocar un botellero integrado, especialmente si la columna está cerca de la zona de comedor o de la cocina. Una forma funcional y decorativa de sacar partido a un volumen muerto.
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