Soluciones para salones muy pequeños: colores, muebles y trucos que amplían el espacio.
Tener un salón pequeño no implica renunciar al diseño ni a la comodidad. Al contrario, los espacios reducidos nos invitan a cuidar cada elección y a valorar el poder de los detalles. En salones de unos 20 m² —o incluso menos—, tan comunes en los hogares urbanos actuales, cada mueble, cada textura y cada color pueden marcar la diferencia. Con coherencia, materiales naturales y una paleta equilibrada, estos espacios se convierten en auténticos refugios llenos de carácter.
Las tendencias actuales se alejan de los ambientes fríos o excesivamente industriales para recuperar lo acogedor, lo vivido. Predominan los tonos envolventes, las texturas suaves y los materiales nobles que aportan calma y continuidad visual. El mobiliario funcional, bien pensado y adaptado a la escala del espacio, permite ganar confort sin renunciar a la sensación de amplitud. El resultado son salones cálidos, luminosos y sorprendentemente espaciosos, incluso cuando los metros son pocos.
En espacios reducidos donde cada metro cuenta, la distribución lo es todo. Antes de pensar en el color o los muebles, observa cómo se mueve la luz y cuál será tu recorrido por la sala durante el día. Teniendo esto en mente, las claves para la estratégica ubicación de los muebles, son los siguientes:
Un consejo profesional: si tu salón comparte espacio con el comedor, usa muebles “divisorios” —como una estantería abierta o el respaldo del sofá— para crear límites visuales sutiles que mantengan la sensación de amplitud.
El color es la herramienta más poderosa para transformar y extender visualmente un espacio. Huyendo del clásico blanco, en un salón pequeño, los tonos claros y cálidos —como el blanco roto, la arena o el gris piedra— multiplican la luz de la misma manera y aportan sensación de amplitud. Sin embargo, recurrir a colores neutros no significa renunciar a la personalidad: también los tonos medios, como el verde oliva, el terracota o el azul humo, pueden sumar estilo y profundidad sin reducir excesivamente el espacio.
Lo importante es mantener una paleta cohesionada de dos o tres colores principales, que se repitan en paredes, textiles y detalles. La continuidad visual genera calma y equilibrio. Si la luz natural es escasa, opta por blancos cálidos o beige con matices amarillos. O si por el contrario, en tu salón pequeño entra mucha luz, elige tonos empolvados o minerales que te ayuden a crear un ambiente más acogedor y envolvente.
El mobiliario debe adaptarse al espacio, no al revés. En un salón de 20 m², las piezas ligeras y multifuncionales son tus mejores aliadas. El sofá, por ejemplo, debe ser una de estas opciones:
También puedes usar el mobiliario como separador visual: un sofá de espaldas al comedor, una estantería abierta o incluso una alfombra distinta ayudan a marcar zonas sin dividir el espacio.
Los muebles de líneas curvas, además de estar en plena tendencia, aportan un dinamismo suave que ayuda a rebajar la rigidez de los ángulos rectos. En los salones pequeños se convierten en una solución especialmente inteligente: una mesa de centro ovalada, un sofá de formas orgánicas o una alfombra redonda permiten que la estancia respire y se perciba más fluida. Las curvas sugieren movimiento, y el movimiento abre visualmente el espacio, creando una sensación de mayor amplitud.
Los textiles son el alma de un salón. Con ellos vistes los sillones, sofás y sillas con textura, color y confort. En salones pequeños, apuesta por tejidos naturales como el lino, el algodón o la lana, o bien con tapizados en bouclé o terciopelo lavado, muy en siendo tendencia: cálidos, suaves y visualmente acogedores.
Evita los estampados demasiado llamativos; en espacios reducidos, los lisos son sinónimos de serenidad. Y juega con capas: una alfombra de yute, cojines en distintos tejidos y una manta sobre el sofá que creen esa atmósfera relajada que define un hogar vivido.
Aunque sea solo visualmente, la iluminación es fundamental para dar amplitud y calidez a un salón de 20 m². No se trata de tener más luz, sino de distribuirla bien.
Asimismo, evita las lámparas de pie voluminosas y aprovecha las paredes para liberar espacio. Añade siempre luz cálida para duplicar el efecto envolvente y favorecer al relax y bienestar.
Las paredes son un recurso decorativo muy valioso. Un papel pintado con textura o un zócalo/arrimadero pintado en otro color es un recurso de estilo elegante y muy eficaz interés. Además, no recarga el espacio. Y si quieres que el salón parezca más alto, pinta el techo en un tono muy claro, como azul humo o verde suave: visualmente lo “elevará”.
Por otro lado, el almacenamiento debe ser vertical, ligero y multifuncional mediante:
Cada elemento debe contribuir al orden visual. Un salón pequeño, pero bien organizado, transmite calma y armonía como el que más.
Por último, los materiales naturales, con su textura y autenticidad, son indispensables en salones pequeños, siempre y cuando sean de madera clara (roble, fresno o haya) par duplicar la luz. Además, añade elementos de metal mate y cristal que bien la reflejen o bien la dejen pasar y circular libremente por la estancia.
Lo mismo con los espejos: estratégicamente colocados frente a una fuente de luz, reflejan y multiplican el espacio. Y no olvides el arte: en salones de 20 m² también tienen cabida ligeras composiciones de láminas, fotografías o un cuadro grande centrado sobre el sofá.
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