Una receta elegante y sencilla que combina el magret de pato con un puré cremoso de castañas y frutos rojos.
El magret de pato es una de esas recetas que combina tradición, sencillez y sofisticación. Su origen se encuentra en la región de Gascuña, al suroeste de Francia, donde históricamente se ha criado el pato para múltiples elaboraciones. Sin embargo, su consolidación como plato gourmet llegó en Burdeos, donde chefs franceses comenzaron a cocinar y servir esta pieza a finales del siglo XX, convirtiéndola en un símbolo de la cocina contemporánea francesa.
A diferencia de otras elaboraciones clásicas, el magret de pato no es una receta en sí, sino un corte específico: la pechuga de un pato cebado, caracterizada por su carne jugosa, su piel gruesa y su grasa infiltrada, que al cocinarse crea una textura y un aroma inconfundibles. Hoy en día, el magret se cocina en todo el mundo y es uno de los platos preferidos para celebraciones, comidas especiales y menús de invierno.
Aunque pueda parecer sofisticado, el magret de pato a la plancha es sorprendentemente fácil de preparar. Su éxito reside en una buena materia prima y en elegir un acompañamiento que potencie su sabor. En esta versión, lo servimos con un puré de castañas y frutos rojos, perfecto para esta época del año.
En un cazo, calienta suavemente la leche y añade las castañas cocidas. Tritura hasta obtener un puré espeso y sedoso. Para un acabado más navideño, puedes incorporar una cucharadita de mantequilla o una pizca de nuez moscada. Reserva templado.
Con un cuchillo bien afilado, realiza cortes superficiales en forma de cuadrícula sobre la grasa de cada magret. Evita profundizar demasiado para no dañar la carne.
Calienta una sartén amplia o plancha sin aceite (la grasa del pato es suficiente). Coloca los magrets con la piel hacia abajo y cocina a fuego medio durante 6–8 minutos, hasta que la grasa se funda y la piel quede dorada y crujiente. Dales la vuelta y cocina 3–4 minutos más para obtener un punto rosado. Una vez hechos, déjalos reposar unos minutos para que los jugos se asienten.
Corta cada magret en láminas finas en diagonal, manteniendo la grasa. Dispón las lonchas en una bandeja amplia y cálida —ideal para una mesa navideña— y acompaña con el puré de castañas. Decora con arándanos o grosellas, que aportan acidez y un toque de color festivo.
Añade unas escamas de sal justo antes de llevarlo al comedor. El contraste entre la piel crujiente, la carne jugosa y la dulzura del puré convierte este plato en una opción perfecta para cenas de Navidad o comidas familiares.
El magret es un plato con personalidad, por lo que conviene elegir entrantes suaves, equilibrados y con toques frescos.
Una combinación clásica en invierno: hojas verdes (rúcula o espinacas), peras finas, queso de cabra cremoso y nueces. Una vinagreta de miel y mostaza realza los sabores y prepara el paladar sin eclipsar al plato principal.
Las cremas suaves y sedosas son una entrada ideal en días fríos. Si añades un toque de jengibre o comino, obtendrás un contraste aromático perfecto antes del magret.
Cocinar magret de pato en casa es una forma sencilla de crear un plato especial sin complicaciones. Su textura jugosa, la piel crujiente y el contraste con los sabores dulces y ácidos de la guarnición hacen que cada bocado se sienta como una pequeña celebración.
Un gesto cálido para compartir en invierno y una receta que, con muy pocos ingredientes, transforma cualquier comida en un momento memorable.
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