Bienestar

Adiós a la humedad y la condensación de la lluvia con este truco casero, fácil y económico

El invierno trae consigo fenómenos climáticos que marcan su carácter: bajas temperaturas, lluvias persistentes y, en algunas regiones, nevadas que transforman el paisaje en un manto blanco propio de esta estación. Frente a este clima, no solo adaptamos nuestro armario con abrigos y bufandas; también transformamos nuestra forma de habitar la casa. Los planes de interior se convierten en un refugio perfecto: un buen libro, una manta suave, el calor del salón y una luz cálida que contrasta con el frío del exterior.

Pero junto con la necesidad de mantener el hogar caliente, aparece un fenómeno tan común como molesto: la condensación en las ventanas. Esas gotas que empañan el cristal no son solo una cuestión estética; con el tiempo pueden provocar humedades y dañar las estancias.

¿Por qué aparece la condensación?

Se produce cuando el aire caliente y húmedo del interior choca contra el vidrio frío de las ventanas, en contacto directo con el clima exterior. Esa diferencia de temperatura transforma la humedad en pequeñas gotas de agua líquida que quedan atrapadas en el cristal. Cuando el empañamiento se da en la parte interior, aumenta el riesgo de que afecte a la estructura o provoque manchas de humedad en la vivienda.

Cómo prevenir la condensación en las ventanas

Existen diferentes formas de reducir este problema: ventilar a diario, regular la temperatura interior o recurrir a deshumidificadores. Y, además, hay un truco casero tan sencillo como eficaz que puede ayudarte a mantener a raya la humedad: usar sal.

La sal, un ingrediente cotidiano con propiedades higroscópicas, capaz de absorber la humedad del ambiente de manera natural.

La sal: un aliado natural contra la humedad

Colocar un recipiente con sal en el alféizar de la ventana es suficiente para notar la diferencia. Gracias a sus propiedades higroscópicas, la sal es capaz de retener las moléculas de agua del ambiente y reducir así la condensación en los cristales.

  • Cómo hacerlo: llena un recipiente hasta la mitad con sal y colócalo cerca de la ventana.
  • Alternativa práctica: si no tienes espacio, usa una pequeña bolsa de tela transpirable (rafia, algodón) rellena de sal y cuélgala junto al cristal.
  • Mantenimiento: revisa de vez en cuando el estado de la sal. Si notas que está húmeda o compacta, cámbiala: significa que ya no puede absorber más.

Este sencillo gesto no solo evita limpiar el cristal cada mañana, sino que también ayuda a reducir la humedad en el interior de la casa, mejorando el confort y cuidando la salud de tu hogar durante los meses más fríos.

Clara Huguet

Periodista especializada en estilo de vida y viajes, con experiencia en TV3, Tinkle y National Geographic España, donde actualmente también colabora.

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