Un gesto simbólico que prepara nuestras plantas para el invierno.
Noviembre es un mes de transición. La luz cambia, los días se acortan y la naturaleza comienza a entrar en reposo. En este momento, muchas plantas agradecen una pequeña intervención: una poda ligera que elimine lo que ya no florecerá, lo que ha perdido fuerza o vitalidad. Aunque en el norte y centro de España, donde el frío llega antes, algunas de estas tareas pueden adelantarse a octubre o retrasarse ligeramente si el clima es suave.
Podar no significa recortar sin medida, sino acompañar el ciclo natural de las plantas. Es un gesto consciente que prepara raíces, tallos y hojas para resistir el invierno y renacer con más fuerza en primavera. Además, esta limpieza visual aporta orden y calma al espacio, ya sea un jardín, una terraza o un rincón interior lleno de macetas.
A principios de noviembre, la mayoría de las plantas han terminado su etapa de floración. Es el momento perfecto para eliminar ramas secas, hojas marchitas y flores agotadas, permitiendo que la savia se concentre en las partes más fuertes. Podar en este mes ayuda a:
Y, más allá de lo práctico, tiene algo de terapéutico: ver cómo se renueva el espacio y respirar ese aire limpio tras la poda es una forma de preparar también el hogar para la quietud del invierno.
No todas las especies necesitan la misma atención. Estas son las que más agradecen una pequeña poda a principios de noviembre:
Elimina flores marchitas, hojas secas y ramas demasiado largas. No hagas una poda drástica todavía: deja la principal para finales del invierno, cuando no haya riesgo de heladas.
Retira las flores secas y las ramas débiles, pero conserva las más fuertes para que protejan los nuevos brotes (aquí tienes una guía de cuidados completa).
El romero, la lavanda o el tomillo agradecen una poda ligera que mantenga su forma y evite que se espiguen. Además, puedes aprovechar los tallos cortados para hacer pequeños ramilletes decorativos o bolsitas perfumadas.
Como el boj o el laurel, que pueden recortarse para mantener su forma. Una poda suave ayudará a que luzcan más densos y ordenados durante todo el invierno.
Si aún conservas macetas con geranios o petunias, corta las flores marchitas y reduce las ramas a la mitad. Esto estimulará nuevos brotes cuando regrese el calor.
Antes de empezar, limpia bien las tijeras de podar para evitar contagiar hongos o bacterias entre plantas. Haz cortes limpios, en diagonal, y evita desgarrar los tallos. Si la planta es delicada, desinfecta la herramienta con alcohol después de cada uso.
Un truco natural: rocía las zonas podadas con una mezcla de agua y unas gotas de aceite esencial de árbol de té o canela, que actúan como fungicidas ecológicos.
Después de la poda, conviene añadir una capa ligera de compost o mantillo sobre la tierra para proteger las raíces y mantener la humedad.
Podar en noviembre no solo mejora la salud de las plantas, sino también la energía de los espacios.
Es un recordatorio de que el orden y la limpieza también son formas de bienestar natural. Mientras las hojas caen fuera, dentro de casa ajustamos el ritmo, limpiamos, preparamos y damos la bienvenida a un nuevo ciclo.
Dejar el jardín, el balcón o las macetas del salón listas para el invierno es, al fin y al cabo, una forma de autocuidado. Un ritual de calma, equilibrio y conexión con la naturaleza.
Guarda las ramas y flores secas más bonitas para crear pequeños adornos naturales o centros de mesa invernales. Así, cada poda se convierte también en una oportunidad para decorar con sentido y belleza.
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