5 películas para un San Valentín sin clichés (historias de amor distintas que merece la pena ver)

Relatos sensibles, inesperados y contemporáneos para celebrar el amor desde otra mirada

Vidas pasadas, Celine Song.

San Valentín siempre llega con ese peso de las expectativas, pero el amor real, ese que vivimos de verdad, casi nunca se parece a esos clichés. Estas cinco películas entienden eso perfectamente.

Hablan de amor en todas sus formas: desde el amor que, por mucho que se intente, nunca logra llegar a ser, hasta el que no es fácil de sostener pero que persiste y se transforma. Son historias honestas que no prometen finales perfectos.

1. Little Fish, de Chad Hartigan

Imagina que un virus empieza a borrar los recuerdos de la gente, y con ellos, toda la historia de tu relación. Little Fish sigue a Emma y Jude, una pareja que lucha por mantenerse unida mientras el mundo olvida quién es y ellos temen olvidarse el uno al otro.

Chad Hartigan construye una historia que es a la vez ciencia ficción y algo profundamente íntimo. Lo que más me gustó es cómo la película muestra que el amor no solo está en los grandes momentos, sino en todos esos detalles pequeños que construimos juntos. Las bromas internas, las rutinas compartidas, la forma en que alguien te mira.

Es una película sobre la fragilidad de la memoria y lo aterrador que es pensar que puedes perder a alguien sin que se vaya físicamente. Emotiva y desgarradora, perfecta para recordar por qué guardamos con tanto cuidado cada momento con las personas que amamos.

2. Retrato de una mujer en llamas, de Céline Sciamma

A finales del siglo XVIII, Marianne, una pintora, llega a una isla remota para retratar en secreto a Héloïse, una joven que debe casarse con un hombre al que nunca ha visto. Lo que empieza como un encargo se convierte en una de las historias de amor más intensas y delicadas del cine reciente. Céline Sciamma filma cada mirada, cada gesto, cada silencio cargado de deseo y contención.

La película habla de un amor que sabe desde el principio que no tiene futuro, pero que se vive con una intensidad arrolladora precisamente por eso. Cada escena es como un cuadro, cuidada al detalle, y la química entre las protagonistas es tan palpable que no hace falta casi ningún diálogo para entender todo lo que sienten.

3. Marriage Story, de Noah Baumbach

Noah Baumbach nos muestra el lado más duro del amor: su final. Marriage Story sigue a Charlie, un director de teatro, y Nicole, una actriz, mientras atraviesan un divorcio que los lleva a sus límites emocionales.

Lo que hace especial a esta película es que no hay villanos, solo dos personas que se quisieron mucho y que ya no saben cómo seguir juntas. Baumbach captura con una precisión brutal cómo el sistema legal y la distancia convierten a dos personas que se respetan en adversarios, cómo el dolor transforma incluso a la gente más razonable.

Adam Driver y Scarlett Johansson están increíbles, y hay escenas que son de las más honestas que existen en la historia del cine. Es una película que duele, pero que también muestra que el amor puede transformarse sin desaparecer del todo.

4. Past Lives, de Celine Song

Nora y Hae Sung fueron amigos íntimos en la infancia en Corea del Sur, hasta que la familia de Nora emigró. Veinticuatro años después, se reencuentran en Nueva York por una semana. Celine Song, en su debut como directora, construye una historia sobre los caminos que no tomamos, las vidas que pudimos vivir y las personas que dejamos atrás.

Lo que más impacta es la delicadeza con la que la película aborda la tensión entre el presente y el pasado, entre lo que somos ahora y lo que pudimos haber sido. Las conversaciones están llenas de silencios, miradas que dicen más que las palabras y una nostalgia preciosa que te envuelve.

Es una película sobre ese amor que nunca se dijo del todo, pero que sigue ahí, latente, incluso después de décadas. Te deja con esa sensación agridulce de haber vivido algo íntimo y universal a la vez.

5. Blue Jay, de Alexandre Lehmann

Jim y Amanda se encuentran por casualidad en un supermercado de su pueblo natal después de más de veinte años sin verse. Fueron novios en el instituto, y ese reencuentro los lleva a pasar un día juntos rememorando el pasado. Rodada en blanco y negro, Blue Jay es una película pequeña e íntima que captura la nostalgia y el «qué hubiera pasado si» con una honestidad profunda.

Mark Duplass y Sarah Paulson tienen una química natural que hace que cada momento se sienta auténtico. Lo que más me marcó sin duda es cómo la película muestra que algunas personas sellan tu vida para siempre, incluso si no están en ella. Es de esas historias que te hacen sonreír y llorar a la vez, perfecta para ver en una noche tranquila cuando necesitas sentir algo real.